NOCTURNO DIFUNTO
Desde que despojado de tu cuerpo
te escondiste en el aire,
yo siento mi existencia más honda en el misterio,
como si mis manos, alargadas por las tuyas
inmensas en el cielo,
en levantado avance
ya tocaron la astronomía sin fin...
Estoy como en los ríos
que a pesar de correr sumisos a su cauce,
por su mortal marino abocamiento
también están ligados
a las aguas del mar donde se acendran.
Por la ventana que al morir dejaste
abierta en la penumbra,
he podido mirar
mi aventajada muerte
persiguiendo tus huellas espaciales,
y tengo la certeza de que me estoy rodando
indeteniblemente
en el hambre del vaso universal,
igual que el humo libre que la atmósfera atrae
y no puede, aunque quiera, regresarse a su lumbre.
Estoy seguro de que cada día
mi sangre que te busca, se evapora
ganando altura transformada en nubes,
y parte de mí
ya vuela en el espacio, emparentada.
Desde tu muerte, siento que te guardo
como un lucero íntimo
que medita en la noche de mi entraña,
disuelto como el azúcar en el orbe líquido
y que, muchas veces, te denuncias asomando
tu espiritual dulzor en mi saliva amarga.
Desde que tu voz, por el silencio amortajada,
dejó de hablar para encender palomas
sobre el árbol del viento, en que cantan
con insepultos ecos
la profunda madurez
del idioma flotante de tu ausencia,
yo palpo -al escuchar-
el molde vivo que en el aire horada
tu falta de materia, que es ternura
siempre en acecho que acaricia y roba.
Yo creo que tu cósmico deleite
es atraerme a tu pasión de vuelo,
a tu girar errante,
porque ya tu misión es recoger
esta fracción de ti que aún perdura
en el fluvial ramaje de mis venas.
No puedo definir dónde te encuentras,
pero sí te adivino circundante
en un arribo de alentada fuga,
que exacerba mis ansias en un filial apego
al resplandor sin luz de tus imanes.
¡Qué plenitud vacía
te dibuja en el fondo de mis ojos
que no te ven, pero que sí me permiten
que hasta la fuente de mis sueños bajes
y quedes a su impulso vinculado!
¡Cuánto tiempo de estar solo y contigo
habitándome a solas,
como la llama al fósforo en el letargo,
o a la uva, el espíritu del vino!
Yo soy una ambulante sepultura
en que reposa tu fugitiva permanencia
que me va madurando, lentamente,
hasta que mi energía entumecida
se adiestre en vuelo que recobre estrella.
Inmerso en mi conciencia desarrollas
un pensante silencio que se atreve
a conversar sin mí. Yo lo descubro
reviviendo recuerdos en mi oído:
es como el nacimiento de sollozos
que se produce cuando el agua cae
sobre la carne viva de las brasas.
Al derribarse tu estatura en polvo
formaste la marea
del vislumbre mortal que me obsesiona,
y no hay sitio, temor, espera o duda
en donde tú, como trasfondo en alba,
no finques la silueta de tu amparo.
En mi vigilia, a oscuras,
como los ciegos sigo con el tacto
los relieves que escribes en el papel nocturno,
y los capto agitados en asedio amoroso:
amor de un muerto que jamás olvida
la sangre que ha dejado trasvasada.
Yo quisiera que la imagen que de ti conservo
se azogara la espalda,
para mirar, siquiera unos instantes,
cómo el deslinde al incolor, desnuda
tu claridad auténtica de ángel.
¡Actualidad! Tan fugaz/ En su cogollo y su miga,/ Regala a mi lentitud/ El sumo sabor a vida. Jorge Guillén
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miércoles, 19 de febrero de 2014
miércoles, 12 de febrero de 2014
Poemas de Elías Nandino (6), "Nocturno cuerpo", poema recogido en "Poesía en movimiento"
NOCTURNO CUERPO
Cuando de noche, a solas, en tinieblas,
fatigado de no sé qué fatiga
se derrumba mi cuerpo y se acomoda
en la impasible superficie oscura
que le sirve de apoyo y de mortaja,
yo me tiendo también y me limito
al inerme contorno que me entrega,
a la isla de olvido en que se olvida.
Separado de él y en él hundido
recuerdo que lo llevo todo el día
como cárcel de fiebre que me oprime,
como labios que dicen otras frases,
como instinto que burla mis deseos
o acciones desligadas de mi fuerza;
pero al mirarlo así, rendido fardo
indiferente en su actitud de piedra,
tigre de bronce, charco de silencio,
columna de cinismo derribada,
ciega figura en su lección de muerte:
yo lo percibo como carne intrusa
como dolencia de una llaga ajena,
cómplice de un destino que no entiendo,
mudez que no lesiona mi palabra,
verdugo en anestesia secuestrado.
Y por eso al sentirme dividido
y a la vez por su molde aprisionado,
analizo, sospecho, reflexiono
que sus muros endebles que me cercan
son fuego en orfandad, tierra robada,
agua sujeta en venas sumergidas
y aire sin aire arrebatado al aire;
que soy un prisionero de elementos
en honda combustión, que están buscando
fundir los eslabones que los unen
para volver a la pureza intacta
del sitio universal donde eran libres:
la tierra pide su reposo en tierra,
el aire, su acrobacia transparente;
el fuego, la delicia de su llama;
y el agua: la blancura de su hielo,
su cauce, o el prodigio de ser nube.
Al lado de él, alado y enraizado,
lo toco, lo examino desde adentro:
interior de una iglesia ensangrentada,
góticos arcos, junglas musculares,
entretejida pulsación de yedras,
laberinto de lumbre de amapolas
y entraña de una cripta en que se esconde
el numérico albor del esqueleto.
Y yo en medio de juez y de culpable,
de rebelde invasor y de invadido,
de mirar que descubre y se descubre,
de unidad que contempla sus facciones,
de pregunta privada de respuesta,
de espectador que sufre en propia carne
el corporal desgaste de que brotan
sus crecientes acopios de agonía.
Si soy su dueño ¿por qué lo palpo extraño,
despegado de mí -sombra de un árbol-,
corteza sofocante de mi angustia,
vendaje que me oculta, ademe frágil,
imán que me atesora y me difunde,
materia que yo arrastro y que me arrastra?
Y estoy en él, presente, inevitable,
unido en el monólogo y la espera,
crecido en su reverso, y denunciado
por sus manos, sus ojos, sus pasiones,
la quemante ansiedad de sus delirios,
las brumas de sus tiempos de zozobra
y los relámpagos de su alegría.
De dentro a afuera, de raíz a ramas,
presiono, me sublevo, abro mis fuerzas
para cavar, para acabar los muros
que viven de tenerme prisionero;
pero un amor me nace y me detiene,
un fanatismo de vital amparo,
el apego del ánima y las células,
la intimidad de forma y contenido
acoplando sus ciegas superficies;
y me quedo conforme, sosegado
a la ajustada cárcel que me cubre
para seguir formando el mundo en fiebre
por el que siento que en verdad existo.
Agua, tierra, fuego y aire, en continua
aspersión de sus químicos halagos,
inmersos en la furia de sus hambres,
en escondida trabazón de empujes,
mandando y succionado sus mareas,
haciendo y deshaciendo lo que se inician,
comiéndose a sí mismos, recreando
el desnudo valor de su estructura
en pugnas, atracciones y repechos,
porque quieren, anhelan, buscan, labran
la persistente acción que les devuelva
el vuelo original que poseían.
Esta unión de elementos, este nido
de físicas batallas, de incesantes
reacciones, es mi solo respaldo,
el trágico venero de la fuerza
que me sostiene aún hablando a solas.
Cuando de noche, a solas, en tinieblas,
fatigado de no sé qué fatiga
se derrumba mi cuerpo y se acomoda
en la impasible superficie oscura
que le sirve de apoyo y de mortaja,
yo me tiendo también y me limito
al inerme contorno que me entrega,
a la isla de olvido en que se olvida.
Separado de él y en él hundido
recuerdo que lo llevo todo el día
como cárcel de fiebre que me oprime,
como labios que dicen otras frases,
como instinto que burla mis deseos
o acciones desligadas de mi fuerza;
pero al mirarlo así, rendido fardo
indiferente en su actitud de piedra,
tigre de bronce, charco de silencio,
columna de cinismo derribada,
ciega figura en su lección de muerte:
yo lo percibo como carne intrusa
como dolencia de una llaga ajena,
cómplice de un destino que no entiendo,
mudez que no lesiona mi palabra,
verdugo en anestesia secuestrado.
Y por eso al sentirme dividido
y a la vez por su molde aprisionado,
analizo, sospecho, reflexiono
que sus muros endebles que me cercan
son fuego en orfandad, tierra robada,
agua sujeta en venas sumergidas
y aire sin aire arrebatado al aire;
que soy un prisionero de elementos
en honda combustión, que están buscando
fundir los eslabones que los unen
para volver a la pureza intacta
del sitio universal donde eran libres:
la tierra pide su reposo en tierra,
el aire, su acrobacia transparente;
el fuego, la delicia de su llama;
y el agua: la blancura de su hielo,
su cauce, o el prodigio de ser nube.
Al lado de él, alado y enraizado,
lo toco, lo examino desde adentro:
interior de una iglesia ensangrentada,
góticos arcos, junglas musculares,
entretejida pulsación de yedras,
laberinto de lumbre de amapolas
y entraña de una cripta en que se esconde
el numérico albor del esqueleto.
Y yo en medio de juez y de culpable,
de rebelde invasor y de invadido,
de mirar que descubre y se descubre,
de unidad que contempla sus facciones,
de pregunta privada de respuesta,
de espectador que sufre en propia carne
el corporal desgaste de que brotan
sus crecientes acopios de agonía.
Si soy su dueño ¿por qué lo palpo extraño,
despegado de mí -sombra de un árbol-,
corteza sofocante de mi angustia,
vendaje que me oculta, ademe frágil,
imán que me atesora y me difunde,
materia que yo arrastro y que me arrastra?
Y estoy en él, presente, inevitable,
unido en el monólogo y la espera,
crecido en su reverso, y denunciado
por sus manos, sus ojos, sus pasiones,
la quemante ansiedad de sus delirios,
las brumas de sus tiempos de zozobra
y los relámpagos de su alegría.
De dentro a afuera, de raíz a ramas,
presiono, me sublevo, abro mis fuerzas
para cavar, para acabar los muros
que viven de tenerme prisionero;
pero un amor me nace y me detiene,
un fanatismo de vital amparo,
el apego del ánima y las células,
la intimidad de forma y contenido
acoplando sus ciegas superficies;
y me quedo conforme, sosegado
a la ajustada cárcel que me cubre
para seguir formando el mundo en fiebre
por el que siento que en verdad existo.
Agua, tierra, fuego y aire, en continua
aspersión de sus químicos halagos,
inmersos en la furia de sus hambres,
en escondida trabazón de empujes,
mandando y succionado sus mareas,
haciendo y deshaciendo lo que se inician,
comiéndose a sí mismos, recreando
el desnudo valor de su estructura
en pugnas, atracciones y repechos,
porque quieren, anhelan, buscan, labran
la persistente acción que les devuelva
el vuelo original que poseían.
Esta unión de elementos, este nido
de físicas batallas, de incesantes
reacciones, es mi solo respaldo,
el trágico venero de la fuerza
que me sostiene aún hablando a solas.
martes, 10 de mayo de 2011
El fragmento de 'Sindbad el varado (Bitácora de febrero)' de Gilberto Owen en 'Poesía en Movimiento'
Sindbad el varado (Bitácora de febrero)
Encontrarás tierra distinta de tu tierra, pero
tu alma es una sola y no encontrarás otra.
Sindbad el Marino
Because I do not hope to turn again
Because I do not hope
Because I do not hope to turn.
T. S. Eliot
Día primero,
El naufragio
Esta mañana te sorprendo con el rostro tan desnudo que temblamos;
sin más que un aire de haber sido y sólo estar, ahora,
un aire que te cuelga de los ojos y los dientes,
correveidile colibrí, estático
dentro del halo de su movimiento.
Y no hablas. No hables,
que no tienes ya voz de adivinanza
y acaso te he perdido con saberte,
y acaso estás aquí, de pronto inmóvil,
tierra que me acogió de noche náufrago
y que al alba descubro isla desierta y árida;
y me voy por tu orilla, pensativo, y no encuentro
el litoral ni el nombre que te deseaba en la tormenta.
Esta mañana me consume en su rescoldo la conciencia de mis llagas;
sin ella no creería en la escalera inaccesible de la noche
ni en su hermoso guardián insobornable:
aquí me hirió su mano, aquí su sueño,
en Emel su sonrisa, en luz su poesía,
su desamor me agobia en tu mirada.
Y luché contra el mar toda la noche,
desde Homero hasta Joseph Conrad,
para llegar a tu rostro desierto
y en su arena leer que nada espere,
que no espere misterio, que no espere.
Con la mañana derogaron las estrellas sus señales y sus leyes
y es inútil que el cartógrafo dibuje ríos secos en la palma de la mano.
Día veintisiete,
Jacob y el mar
Qué hermosa eres, Diablo, como un ángel con sexo pero mucho más despiadada,
cuando te llamas alba y mi noche es más noche de esperarte,
cuando tu pie de seda se clava de caprina pezuña en mi abstinencia,
cuando si eres silencio te rompes y en mis manos repican a rebato tus dos senos,
cuando apenas he dicho amor y ya en el aire está sin boca el beso y la ternura sin empleo aceda,
cuando apenas te nombro flor y ya sobre el prado ruedan los labios del clavel,
cuando eres poesía y mi rosa se inclina a oler tu cifra y te me esfumas.
Mañana habrá en la playa otro marino cojo.
Día veintiocho,
Final
Mañana. Acaso el sol golpea en dos ventanas que entran en erupción.
Antes salen los indios que pasan al mercado tiritando con todo el trópico a la espalda.
Y aún antes
los amantes se miran y se ven tan ajenos que se vuelven la espalda.
Antes aún
ese ángel de la guarda que se duerme borracho mientras allí a la vuelta matan a su pupilo:
¿Qué va a llevar más que el puñal del grito último a su Amo?
¿Qué va a mentir?
“Lo hiciste cieno y vuelve humo pues ardió como Te amo”.
Tal vez mañana el sol en mis ojos sin nadie,
tal vez mañana el sol,
tal vez mañana,
tal vez.
[Perseo vencido]
El poema completo se encuentra en el siguiente enlace. Cuidado, la versificación no es fiel: el transcriptor ha confundido un verso quebrado en dos líneas con dos versos.
Encontrarás tierra distinta de tu tierra, pero
tu alma es una sola y no encontrarás otra.
Sindbad el Marino
Because I do not hope to turn again
Because I do not hope
Because I do not hope to turn.
T. S. Eliot
Día primero,
El naufragio
Esta mañana te sorprendo con el rostro tan desnudo que temblamos;
sin más que un aire de haber sido y sólo estar, ahora,
un aire que te cuelga de los ojos y los dientes,
correveidile colibrí, estático
dentro del halo de su movimiento.
Y no hablas. No hables,
que no tienes ya voz de adivinanza
y acaso te he perdido con saberte,
y acaso estás aquí, de pronto inmóvil,
tierra que me acogió de noche náufrago
y que al alba descubro isla desierta y árida;
y me voy por tu orilla, pensativo, y no encuentro
el litoral ni el nombre que te deseaba en la tormenta.
Esta mañana me consume en su rescoldo la conciencia de mis llagas;
sin ella no creería en la escalera inaccesible de la noche
ni en su hermoso guardián insobornable:
aquí me hirió su mano, aquí su sueño,
en Emel su sonrisa, en luz su poesía,
su desamor me agobia en tu mirada.
Y luché contra el mar toda la noche,
desde Homero hasta Joseph Conrad,
para llegar a tu rostro desierto
y en su arena leer que nada espere,
que no espere misterio, que no espere.
Con la mañana derogaron las estrellas sus señales y sus leyes
y es inútil que el cartógrafo dibuje ríos secos en la palma de la mano.
Día veintisiete,
Jacob y el mar
Qué hermosa eres, Diablo, como un ángel con sexo pero mucho más despiadada,
cuando te llamas alba y mi noche es más noche de esperarte,
cuando tu pie de seda se clava de caprina pezuña en mi abstinencia,
cuando si eres silencio te rompes y en mis manos repican a rebato tus dos senos,
cuando apenas he dicho amor y ya en el aire está sin boca el beso y la ternura sin empleo aceda,
cuando apenas te nombro flor y ya sobre el prado ruedan los labios del clavel,
cuando eres poesía y mi rosa se inclina a oler tu cifra y te me esfumas.
Mañana habrá en la playa otro marino cojo.
Día veintiocho,
Final
Mañana. Acaso el sol golpea en dos ventanas que entran en erupción.
Antes salen los indios que pasan al mercado tiritando con todo el trópico a la espalda.
Y aún antes
los amantes se miran y se ven tan ajenos que se vuelven la espalda.
Antes aún
ese ángel de la guarda que se duerme borracho mientras allí a la vuelta matan a su pupilo:
¿Qué va a llevar más que el puñal del grito último a su Amo?
¿Qué va a mentir?
“Lo hiciste cieno y vuelve humo pues ardió como Te amo”.
Tal vez mañana el sol en mis ojos sin nadie,
tal vez mañana el sol,
tal vez mañana,
tal vez.
[Perseo vencido]
El poema completo se encuentra en el siguiente enlace. Cuidado, la versificación no es fiel: el transcriptor ha confundido un verso quebrado en dos líneas con dos versos.
martes, 3 de mayo de 2011
'Un poeta', poema de Octavio Paz en 'Poesía en Movimiento'
UN POETA
-Música y pan, leche y vino, amor y sueño: gratis. Gran abrazo mortal de los adversarios que se aman: cada herida es una fuente. Los amigos afilan bien sus armas, listos para el diálogo final, el diálogo a muerte para toda la vida. Cruzan la noche los amantes enlazados, conjunción de astros y de cuerpos. El hombre es el alimento del hombre. El saber no es distinto del soñar, el soñar del hacer. La poesía ha puesto fuego a todos los poemas. Se acabaron las palabras, se acabaron las imágenes. Abolida la distancia entre el nombre y la cosa, nombrar es crear, e imaginar, nacer.
-Por lo pronto, coge el azadón, teoriza, sé puntual. Paga tu precio y cobra tu salario. En los ratos libres pasta hasta reventar: hay inmensos predios de periódicos. O desplómate cada noche sobre la mesa del café, con la lengua hinchada de política. Calla o gesticula: todo es igual. En algún sitio ya prepararon tu condena. No hay salida que no dé a la deshonra o al patíbulo: tienes los seños demasiado claros, te hace falta una filosofía fuerte.
[¿Águila o sol?]
-Música y pan, leche y vino, amor y sueño: gratis. Gran abrazo mortal de los adversarios que se aman: cada herida es una fuente. Los amigos afilan bien sus armas, listos para el diálogo final, el diálogo a muerte para toda la vida. Cruzan la noche los amantes enlazados, conjunción de astros y de cuerpos. El hombre es el alimento del hombre. El saber no es distinto del soñar, el soñar del hacer. La poesía ha puesto fuego a todos los poemas. Se acabaron las palabras, se acabaron las imágenes. Abolida la distancia entre el nombre y la cosa, nombrar es crear, e imaginar, nacer.
-Por lo pronto, coge el azadón, teoriza, sé puntual. Paga tu precio y cobra tu salario. En los ratos libres pasta hasta reventar: hay inmensos predios de periódicos. O desplómate cada noche sobre la mesa del café, con la lengua hinchada de política. Calla o gesticula: todo es igual. En algún sitio ya prepararon tu condena. No hay salida que no dé a la deshonra o al patíbulo: tienes los seños demasiado claros, te hace falta una filosofía fuerte.
[¿Águila o sol?]
martes, 7 de julio de 2009
martes, 30 de junio de 2009
martes, 23 de junio de 2009
martes, 16 de junio de 2009
Un poema de Margarita Michelena
Monólogo del despierto
[FRAGMENTO]
Aún ha vuelto el alba. Pero nadie se asoma
de su orilla quemada al brocal del espejo
a saber lo que falta, lo que fue consumido
a ciegas, en la noche, dentro de la caverna
suspendida del sueño.
Por todos los que duermen en esta hora, velo
soportando en la frente el mundo abandonado,
recogiendo los nombres en la tierra caídos.
Oigo la oscura ruina demoliendo en secreto
una orilla de hierba y una punta de astro.
Todo lo sé y lo sufro en este solo instante
en que mis ojos arden en el espacio ciego.
Y en plenitud fugaz e irrevocable,
soy eterno.
No lo sabéis, dormidos, pero soy el escudo
que oculta vuestra fuga y salva vuestros pasos.
Y por todos vosotros pido un a muerte viva.
Por vosotros me ofrezco
-"No saben lo que hacen"-
en medio de las ruinas, desarmado y despierto.
Pues amo al olvidado y al que olvida,
al tímpano cegado,
al corazón sin música.
Y por todos, en mí, busco velando
vuestra propia palabra confundida
en el negro desorden, que no sube
a unirse con el hijo que la aguarda,
a ser, una sola y pura eternidad,
una brizna de música, una astilla del alba.
Sí. Por todos vosotros, ciegos, sordos, inmóviles,
pido morir de pronto y no con esa lenta y horrible desmemoria
del que hace poco a poco su cadáver,
del que junta su muerte noche a noche en el sueño.
Sí. Morir con mi nombre en mitad de la frente,
ojo del alma y última columna
presenciando el desastre.
Sí. Morir vigilando el rumor de la muerte
y por todos los ojos en esa sombra huidos,
mirarla en el espejo del alto mediodía,
abrir la puerta y derramar la noche.
Extraído de 'Poesía en Movimiento'
[FRAGMENTO]
Aún ha vuelto el alba. Pero nadie se asoma
de su orilla quemada al brocal del espejo
a saber lo que falta, lo que fue consumido
a ciegas, en la noche, dentro de la caverna
suspendida del sueño.
Por todos los que duermen en esta hora, velo
soportando en la frente el mundo abandonado,
recogiendo los nombres en la tierra caídos.
Oigo la oscura ruina demoliendo en secreto
una orilla de hierba y una punta de astro.
Todo lo sé y lo sufro en este solo instante
en que mis ojos arden en el espacio ciego.
Y en plenitud fugaz e irrevocable,
soy eterno.
No lo sabéis, dormidos, pero soy el escudo
que oculta vuestra fuga y salva vuestros pasos.
Y por todos vosotros pido un a muerte viva.
Por vosotros me ofrezco
-"No saben lo que hacen"-
en medio de las ruinas, desarmado y despierto.
Pues amo al olvidado y al que olvida,
al tímpano cegado,
al corazón sin música.
Y por todos, en mí, busco velando
vuestra propia palabra confundida
en el negro desorden, que no sube
a unirse con el hijo que la aguarda,
a ser, una sola y pura eternidad,
una brizna de música, una astilla del alba.
Sí. Por todos vosotros, ciegos, sordos, inmóviles,
pido morir de pronto y no con esa lenta y horrible desmemoria
del que hace poco a poco su cadáver,
del que junta su muerte noche a noche en el sueño.
Sí. Morir con mi nombre en mitad de la frente,
ojo del alma y última columna
presenciando el desastre.
Sí. Morir vigilando el rumor de la muerte
y por todos los ojos en esa sombra huidos,
mirarla en el espejo del alto mediodía,
abrir la puerta y derramar la noche.
Extraído de 'Poesía en Movimiento'
martes, 9 de junio de 2009
'Toque del alba', poema de Jaime García Terrés
Toque del alba
Otro mundo. (No retazos armados, remendados de lo mismo de siempre.)
Donde la vida con la vida comulgue; donde el vértigo
nazca de la salvaje plenitud; orbe amoroso,
todo raíz, primicia, fecunda marejada.
Otro mundo. Sin legajos inertes, sin cáscaras vacías.
Adiós a la desidia del viejo sacristán
en pequeños apuros para medirnos una
mortaja cada día.
Desgarrad las memorias del color cenizo.
Rompamos ataduras, y quedemos desnudos bajo el alba.
Adiós encierros, lápidas, relojes
que desuellan el tiempo con ácidos cobardes.
Libre flama será
la nuestra por los siglos de los siglos.
Tierra libre, el sostén de nuestros pasos.
A cieno huelen ya los manes en los muros;
desvalidos,
la fatiga contagian de sus añoranzas.
Arrasadlos, oh huestes, arrasadlos
con sedientos linajes de frescura,
y verdecidas
brechas al aire pleno descubran los altares.
Jaime García Terrés en ?los Reinos Combatientes', recogido en 'Poesía en Movimiento'
Otro mundo. (No retazos armados, remendados de lo mismo de siempre.)
Donde la vida con la vida comulgue; donde el vértigo
nazca de la salvaje plenitud; orbe amoroso,
todo raíz, primicia, fecunda marejada.
Otro mundo. Sin legajos inertes, sin cáscaras vacías.
Adiós a la desidia del viejo sacristán
en pequeños apuros para medirnos una
mortaja cada día.
Desgarrad las memorias del color cenizo.
Rompamos ataduras, y quedemos desnudos bajo el alba.
Adiós encierros, lápidas, relojes
que desuellan el tiempo con ácidos cobardes.
Libre flama será
la nuestra por los siglos de los siglos.
Tierra libre, el sostén de nuestros pasos.
A cieno huelen ya los manes en los muros;
desvalidos,
la fatiga contagian de sus añoranzas.
Arrasadlos, oh huestes, arrasadlos
con sedientos linajes de frescura,
y verdecidas
brechas al aire pleno descubran los altares.
Jaime García Terrés en ?los Reinos Combatientes', recogido en 'Poesía en Movimiento'
martes, 2 de junio de 2009
'La lluvia' y 'Las piedras', poemas de Manuel Durán
La lluvia
Sólo la luz de la tarde,
el brillo celeste que cae,
loco, rendido,
corriendo hacia mí mismo,
la luz que se va de viaje, que salta
de la orilla de una nube
a la orilla blanca de la calle
con la tristeza inconsciente
de un árbol de luz que se deshoja.
Poema de 'Ciudad Asediada'
Las piedras
Asoman la cabeza por el solar vecino.
Firmes, severas, grandes, manchadas por el liquen,
con la piel arrugada: grises, pardas, oscuras,
y el amarillo sucio del liquen por arriba.
Como peces cansados que el mar nos abandona.
Como ballenas tristes en la playa lejana.
Rocas color de tiempo, sacando por el barro
sus cabezas sin ojos, su dura piel manchada.
Las lluvias del verano les cambian los colores,
oscurecen las rosas, avivan los azules,
hacen cantar los verdes eléctricos del musgo,
ennegrecen la tierran, la perfuman, la esponjan.
Ya a veces a su sombra se sientan los mendigos,
o cabalgan los niños sus lomos deformados.
Siguen erguidas, tensas, sacando la cabeza
con su piel arrugada, mas sin abrir los ojos.
Poema de 'El Lugar del Hombre'
Ambos están recogidos en 'Poesía en Movimiento'
Sólo la luz de la tarde,
el brillo celeste que cae,
loco, rendido,
corriendo hacia mí mismo,
la luz que se va de viaje, que salta
de la orilla de una nube
a la orilla blanca de la calle
con la tristeza inconsciente
de un árbol de luz que se deshoja.
Poema de 'Ciudad Asediada'
Las piedras
Asoman la cabeza por el solar vecino.
Firmes, severas, grandes, manchadas por el liquen,
con la piel arrugada: grises, pardas, oscuras,
y el amarillo sucio del liquen por arriba.
Como peces cansados que el mar nos abandona.
Como ballenas tristes en la playa lejana.
Rocas color de tiempo, sacando por el barro
sus cabezas sin ojos, su dura piel manchada.
Las lluvias del verano les cambian los colores,
oscurecen las rosas, avivan los azules,
hacen cantar los verdes eléctricos del musgo,
ennegrecen la tierran, la perfuman, la esponjan.
Ya a veces a su sombra se sientan los mendigos,
o cabalgan los niños sus lomos deformados.
Siguen erguidas, tensas, sacando la cabeza
con su piel arrugada, mas sin abrir los ojos.
Poema de 'El Lugar del Hombre'
Ambos están recogidos en 'Poesía en Movimiento'
miércoles, 27 de mayo de 2009
martes, 19 de mayo de 2009
Poemas de Óscar Oliva
Mientras tomo una taza de café...
Mientras tomo una taza de café repaso los poemas
que he escrito
¡Cuánta confusión! ¿Cuántas palabras perdidas!
¿Bajo qué impulso lancé mi pecho mis descomposturas
a la búsqueda de ese mar que no es claro ni habitable?
Si he dicho soledad árbol ocieno
fueron palabras imprecisas para extender mis brazos
para darle un vuelco al reloj y mostrar mi desnudez
y sus caminos
He tomado conciencia de mis obligaciones
y he querido dar a los hombres nada más un relámpago
Debajo de una imagen ahora me duermo
ahora la doblo ahora la subrayo
Mañana despertaré en un mundo nuevo
No está en ninguna parte...
No está en nniguna parte
Cuando regresé de la oficina busqué su sombra
levanté el cuaderno
arrimé la silla a la mesa
y me puse a trazar su geometría
Tomé un vaso de agua y me sorprendió su dulzura
Busqué en mi traje en las gavetas de mi escritorio
Cansado sentí deseos de mujer pero no salí a la calle
Releí viejas cartas que me puse a atar lazos con mi saliva
a construir amores perdidos con mis cabellos
habitaciones y amigos que un día conocí en mi frente
Pero sentía su presencia como un acoso
su lujuria dentro de mi estómago
(Tal vez en el jardín desenterraba plantas y buscaba hormigas
para la poderosa baba de su lengua entumecida como escorpión)
Poemas de Óscar Oliva en 'Áspera Cicatriz', recogidos en 'Poesía en Movimiento'
Mientras tomo una taza de café repaso los poemas
que he escrito
¡Cuánta confusión! ¿Cuántas palabras perdidas!
¿Bajo qué impulso lancé mi pecho mis descomposturas
a la búsqueda de ese mar que no es claro ni habitable?
Si he dicho soledad árbol ocieno
fueron palabras imprecisas para extender mis brazos
para darle un vuelco al reloj y mostrar mi desnudez
y sus caminos
He tomado conciencia de mis obligaciones
y he querido dar a los hombres nada más un relámpago
Debajo de una imagen ahora me duermo
ahora la doblo ahora la subrayo
Mañana despertaré en un mundo nuevo
No está en ninguna parte...
No está en nniguna parte
Cuando regresé de la oficina busqué su sombra
levanté el cuaderno
arrimé la silla a la mesa
y me puse a trazar su geometría
Tomé un vaso de agua y me sorprendió su dulzura
Busqué en mi traje en las gavetas de mi escritorio
Cansado sentí deseos de mujer pero no salí a la calle
Releí viejas cartas que me puse a atar lazos con mi saliva
a construir amores perdidos con mis cabellos
habitaciones y amigos que un día conocí en mi frente
Pero sentía su presencia como un acoso
su lujuria dentro de mi estómago
(Tal vez en el jardín desenterraba plantas y buscaba hormigas
para la poderosa baba de su lengua entumecida como escorpión)
Poemas de Óscar Oliva en 'Áspera Cicatriz', recogidos en 'Poesía en Movimiento'
lunes, 6 de abril de 2009
Me permito jugar con Isabel Fraire, soy aprendiz de poeta
Primero versiono su poema:
tu risa era la risa quebradiza del agua que cae sobre la roca
tu cabello raíces incrustadas en un cielo sin nubes
tus ojos dos pescados perdidos en busca de una isla
si en ti me pierdo espejo en que se pierden mis manos como algas
tú en cuál espejo ahora te disuelves se disuelve tu nombre y tu mirada
sin dejar más rastro que un vago estremecerse sobre la piel de alguno
y una súbita imagen inconexa que se presenta y borra
muy pronto para siempre
Ahora el poema:
Aún en vida un halo óscuro te rodeaba
aún en vida un halo óscuro te rodeaba
tu risa era la risa quebradiza del agua que cae sobre la roca
tu cabello raíces incrustadas en un cielo sin nubes
tus ojos dos pescados perdidos en busca de una isla
si en ti me pierdo espejo en que se pierden mis manos como algas
tú en cuál espejo ahora te disuelves se disuelve tu nombre y tu mirada
sin dejar más rastro que un vago estremecerse sobre la piel de alguno
y una súbita imagen inconexa que se presenta y borra
muy pronto para siempre
Extraído de 'Poesía en movimiento (México 1915-1966)'
tu risa era la risa quebradiza del agua que cae sobre la roca
tu cabello raíces incrustadas en un cielo sin nubes
tus ojos dos pescados perdidos en busca de una isla
si en ti me pierdo espejo en que se pierden mis manos como algas
tú en cuál espejo ahora te disuelves se disuelve tu nombre y tu mirada
sin dejar más rastro que un vago estremecerse sobre la piel de alguno
y una súbita imagen inconexa que se presenta y borra
muy pronto para siempre
Ahora el poema:
Aún en vida un halo óscuro te rodeaba
aún en vida un halo óscuro te rodeaba
tu risa era la risa quebradiza del agua que cae sobre la roca
tu cabello raíces incrustadas en un cielo sin nubes
tus ojos dos pescados perdidos en busca de una isla
si en ti me pierdo espejo en que se pierden mis manos como algas
tú en cuál espejo ahora te disuelves se disuelve tu nombre y tu mirada
sin dejar más rastro que un vago estremecerse sobre la piel de alguno
y una súbita imagen inconexa que se presenta y borra
muy pronto para siempre
Extraído de 'Poesía en movimiento (México 1915-1966)'
jueves, 2 de abril de 2009
'Hablando entre dos aguas' de Francisco Cervantes
Bella la muerte al borde de un callado
nudo anclado cuelga sueño
sujétate y muerde tus dientes y tus uñas
no tus cabellos aquí detengo
lo que quería decir y después de que te invoco
oh Absalón voy a eso que te dije
aquí sin piel nuestros destinos
se cuecen se retuercen se resisten
y al fin quedan sonriendo
como si la espada de la alegría los amenazara
un poco creo que el filo les importa
carne de la esperanza ánimo aquí está ella
te está llamando y tú que no la oías
que si es la muerte no le digan nada
díganle que regreso en media hora
y si insiste que ya no regresaré
qué extrañeza y lo que debe sorprenderla
es que si me busca va a saberlo
y a pesar de lo que escribo y las excusas
es tan cierto como el llanto que nos hemos derramado
No la esperé traición
pero hablando entre dos aguas
ésta es la única salida y la hora inesperada
que uno se saca sin los guantes
con las manos deteniéndose en el polvo y las maldiciones
que no la esperara
estando ella ya tan cerca
a la vuelta de unas delaciones
y de la desnudez de unos fracasos
ya dará con otro
que no dañe.
Extraído de 'Poesía en movimiento (México 1915-1966)'
nudo anclado cuelga sueño
sujétate y muerde tus dientes y tus uñas
no tus cabellos aquí detengo
lo que quería decir y después de que te invoco
oh Absalón voy a eso que te dije
aquí sin piel nuestros destinos
se cuecen se retuercen se resisten
y al fin quedan sonriendo
como si la espada de la alegría los amenazara
un poco creo que el filo les importa
carne de la esperanza ánimo aquí está ella
te está llamando y tú que no la oías
que si es la muerte no le digan nada
díganle que regreso en media hora
y si insiste que ya no regresaré
qué extrañeza y lo que debe sorprenderla
es que si me busca va a saberlo
y a pesar de lo que escribo y las excusas
es tan cierto como el llanto que nos hemos derramado
No la esperé traición
pero hablando entre dos aguas
ésta es la única salida y la hora inesperada
que uno se saca sin los guantes
con las manos deteniéndose en el polvo y las maldiciones
que no la esperara
estando ella ya tan cerca
a la vuelta de unas delaciones
y de la desnudez de unos fracasos
ya dará con otro
que no dañe.
Extraído de 'Poesía en movimiento (México 1915-1966)'
lunes, 30 de marzo de 2009
'Ciudad bajo la lluvia', de Jaime Labastida
Mira cómo, desde este exilio de cemento,
se extiende la ciudad, a nuestras plantas.
De aquí partían los mercaderes rumbo a España.
Mira el humo en aquellas azoteas,
el resplandor del sol en los tinacos,
aquellas sucias fábricas a plomo.
Mira el papel que cae
desde un alto edificio:
pájaro que ablandara sus alas.
Encabritadas garras afilando,
águilas junto al cielo se desploman.
En este oscuro cuarto
un pedazo de historia se fabrica;
en aquel otro, un hombre sueña con mujer
pero en su lecho sólo la luna
abraza sus muslos y torso.
Huele la lluvia.
Mira cómo de la tierra asciende
ese pesado olor del protoplasma.
Mira caer cenizas, polvos y desgracias.
Mira cómo las lluvias obstruyeron
los albañales de los aledaños.
Mira cómo la lluvia cae sobre los pájaros
y cómo los hombres, trapos sacudidos,
oscilan por una ráfaga de viento,
a la luz de ese único relámpago.
Su rostro es una bronca blasfemia.
Mira cómo el cielo resplandece en mitad de la noche,
cómo las estrellas se desgañitan de luz.
Mira cómo esta mugre tierra estallla
y trastorna su sol que la corteja
y corre luego entre pezuñas de asnos.
Vé cómo abandona la tierra estos lugares
dejand a ciertos hombres sin su antípoda,
colgados de sus dientes, al vacío.
Y el cielo desploma su ceniza,
la falicilidad de la muerte.
Es la ciudad de México,
que anuncia su verano.
Extraído de 'Poesía en movimiento (México 1915-1966)'
se extiende la ciudad, a nuestras plantas.
De aquí partían los mercaderes rumbo a España.
Mira el humo en aquellas azoteas,
el resplandor del sol en los tinacos,
aquellas sucias fábricas a plomo.
Mira el papel que cae
desde un alto edificio:
pájaro que ablandara sus alas.
Encabritadas garras afilando,
águilas junto al cielo se desploman.
En este oscuro cuarto
un pedazo de historia se fabrica;
en aquel otro, un hombre sueña con mujer
pero en su lecho sólo la luna
abraza sus muslos y torso.
Huele la lluvia.
Mira cómo de la tierra asciende
ese pesado olor del protoplasma.
Mira caer cenizas, polvos y desgracias.
Mira cómo las lluvias obstruyeron
los albañales de los aledaños.
Mira cómo la lluvia cae sobre los pájaros
y cómo los hombres, trapos sacudidos,
oscilan por una ráfaga de viento,
a la luz de ese único relámpago.
Su rostro es una bronca blasfemia.
Mira cómo el cielo resplandece en mitad de la noche,
cómo las estrellas se desgañitan de luz.
Mira cómo esta mugre tierra estallla
y trastorna su sol que la corteja
y corre luego entre pezuñas de asnos.
Vé cómo abandona la tierra estos lugares
dejand a ciertos hombres sin su antípoda,
colgados de sus dientes, al vacío.
Y el cielo desploma su ceniza,
la falicilidad de la muerte.
Es la ciudad de México,
que anuncia su verano.
Extraído de 'Poesía en movimiento (México 1915-1966)'
jueves, 26 de marzo de 2009
Un poema de José Emilio Pacheco
En José Emilio Pacheco es difícil quedarse sólo con un poema, así que el primero:
De algún tiempo a esta parte
I
Aquí está el sol con su único ojo, la boca escupefuego que no se hastía de calcinar la eternidad. Aquí está como un rey derrotado que mira desde el trono la dispersión de sus vasallos.
Algunas veces, el pobre sol, el heraldo del día qu ete afrenta y vulnera, se posaba en su cuerpo, decorando de luz todo lo que fue amado.
Hoy se limita a entrar por la ventana y te avisa que ya han dado las siete y tienes por delante la expiación de tu condena: los papeles que sobrwnadan en la oficina, las sonrisas que los otros te escupen, la esperanza, el recuerdo...y la palabra: tu enemiga, tu muerte, tus raíces.
Extraído de 'Poesía en movimiento (México 1915-1966)'
De algún tiempo a esta parte
I
Aquí está el sol con su único ojo, la boca escupefuego que no se hastía de calcinar la eternidad. Aquí está como un rey derrotado que mira desde el trono la dispersión de sus vasallos.
Algunas veces, el pobre sol, el heraldo del día qu ete afrenta y vulnera, se posaba en su cuerpo, decorando de luz todo lo que fue amado.
Hoy se limita a entrar por la ventana y te avisa que ya han dado las siete y tienes por delante la expiación de tu condena: los papeles que sobrwnadan en la oficina, las sonrisas que los otros te escupen, la esperanza, el recuerdo...y la palabra: tu enemiga, tu muerte, tus raíces.
Extraído de 'Poesía en movimiento (México 1915-1966)'
lunes, 2 de marzo de 2009
'A veces uno toca un cuerpo', de Homero Aridjis
A veces uno toca un cuerpo y lo despierta
por él pasamos la noche que se abre
la pulsación sensible de los brazos marinos
y como el mar lo amamos
como a un canto desnudo
como al solo verano
Le decimos luz como se dice ahora
le decimos ayer y otras partes
lo llenamos de cuerpos y de cuerpos
de gaviotas que son nuestras gaviotas
Lo vamos escalando punta a punta
con orillas y techos y aldabas
con hoteles y cauces y memorias
y paisajes y tiempo y asteroides
Lo colmamos de nosotros y de alma
de collares de islas y de alma
Lo sentimos vivir y cotidiano
lo sentimos hermosos pero sombra
Homero Aridjis en 'Antes del reino' (extraído de 'Poesía en movimiento (México 1915-1966)')
por él pasamos la noche que se abre
la pulsación sensible de los brazos marinos
y como el mar lo amamos
como a un canto desnudo
como al solo verano
Le decimos luz como se dice ahora
le decimos ayer y otras partes
lo llenamos de cuerpos y de cuerpos
de gaviotas que son nuestras gaviotas
Lo vamos escalando punta a punta
con orillas y techos y aldabas
con hoteles y cauces y memorias
y paisajes y tiempo y asteroides
Lo colmamos de nosotros y de alma
de collares de islas y de alma
Lo sentimos vivir y cotidiano
lo sentimos hermosos pero sombra
Homero Aridjis en 'Antes del reino' (extraído de 'Poesía en movimiento (México 1915-1966)')
lunes, 16 de febrero de 2009
Marco Antonio Montes de Oca
El sábado 7 de Febrero, Marco Antonio Montes de Oca murió en México sin haber tenido el merecido privilegio de haber publicado en vida en Poesía Abierta. En La Jornada, 11 de Febrero, encontrarás la luctuosa nota.
El pasado domingo volvía yo a su poesía en la antología 'Poesía en Movimiento', de Octavio Paz, Alí Chumacero, José Emilio Pacheco y Homero Aridjis (siglo veintiuno editores, en su trigésima edición de 2003), y me da este impulso (es domingo cuando escribo) de sacar uno de sus poemas de 'Delante de la luz cantan los pájaros' y buscarle en internet. Mala noticia. Vaya su poesía:
LA LUZ EN RISTRE
La creación está de pie,
su espíritu surge entre las blancas dunas
y salpica con hisopos inagotables
los huertos oprimidos por la bota de pedernal
o la fría insolencia de la noche.
Los colores celestes, firmemente posados en los vitrales,
esponjan siluetas de santos;
un resorte de yeso alza sobre el piso miserable
sombras que bracean con angustioso denuedo.
Y llama el cuerno mágico a las creaturas gastadas en el dolor
para que el vértigo maravilloso instaure su hora de resarcimiento
y la ceniza despierte animada en grises borbotones.
La única, espléndida, irresistible creación
está de pie como una osamenta enardecida
y sobrepasa todas las esclusas, toca en cada llama la puerta del incendio
y ensilla galaxias que un gran mago ha de montar,
cuando el espíritu patrulle por el alba
hasta encontrar los pilares del tiempo vivo.
Marco Antonio Montes de Oca en Delante de la luz cantan los pájaros'
El pasado domingo volvía yo a su poesía en la antología 'Poesía en Movimiento', de Octavio Paz, Alí Chumacero, José Emilio Pacheco y Homero Aridjis (siglo veintiuno editores, en su trigésima edición de 2003), y me da este impulso (es domingo cuando escribo) de sacar uno de sus poemas de 'Delante de la luz cantan los pájaros' y buscarle en internet. Mala noticia. Vaya su poesía:
LA LUZ EN RISTRE
La creación está de pie,
su espíritu surge entre las blancas dunas
y salpica con hisopos inagotables
los huertos oprimidos por la bota de pedernal
o la fría insolencia de la noche.
Los colores celestes, firmemente posados en los vitrales,
esponjan siluetas de santos;
un resorte de yeso alza sobre el piso miserable
sombras que bracean con angustioso denuedo.
Y llama el cuerno mágico a las creaturas gastadas en el dolor
para que el vértigo maravilloso instaure su hora de resarcimiento
y la ceniza despierte animada en grises borbotones.
La única, espléndida, irresistible creación
está de pie como una osamenta enardecida
y sobrepasa todas las esclusas, toca en cada llama la puerta del incendio
y ensilla galaxias que un gran mago ha de montar,
cuando el espíritu patrulle por el alba
hasta encontrar los pilares del tiempo vivo.
Marco Antonio Montes de Oca en Delante de la luz cantan los pájaros'
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