OSCURIDAD
A un ciego de nacimiento
pregunté: -Si no es enojo,
decid, ¿qué es el color rojo?
¿Lo sentís cual yo lo siento?
Y respondió sin empacho:
-Pienso que será, sin duda,
como el olor de la ruda,
como el gusto del gazpacho,
como horno de fuego lleno,
como pisar un abrojo,
y aun creo que será rojo
el estampido del trueno...
Calló..., y aún son mi tormento
aquellas definiciones,
¡para cuántas sensaciones
soy ciego de nacimiento!
MADRIGAL (?) FUTURO
"Juan, cabeza sin fósforo, con Juana
paseaba una mañana
(24 Reaumur, Viento N.E.,
Cielo con Cirrus) por un campo agreste.
Iban los dos mamíferos hablando,
cuando Juan se inclinó, con el deseo
de ofrecer a su amada, suspirando,
un Dyanthus Cariophyllus de Linneo.
La hembra aceptó, y a su emoción nerviosa
en su cardias la diástole y la sístole
se hizo más presurosa,
los vasos capilares de la facies
también se dilataron
y al punto las membranas de su cutis
sonrosado color transparentaron."
¡Actualidad! Tan fugaz/ En su cogollo y su miga,/ Regala a mi lentitud/ El sumo sabor a vida. Jorge Guillén
Mostrando entradas con la etiqueta Bartrina. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Bartrina. Mostrar todas las entradas
miércoles, 6 de febrero de 2013
miércoles, 30 de enero de 2013
"La mujer" según Bartrina
LA MUJER
Para poder comprender
el misterio que calculan,
los que la odian o la adulan,
que se encierra en la mujer,
basta saber el real
y profundísimo enlace
en que confundido yace
lo físico y lo moral.
Mujer y hombre se parecen
al ser niños; con la edad
surge entre ellos variedad
que crece cuanto ellos crecen.
Toma de aquel la figura
masculinos caracteres,
y conservan las mujeres
de los niños la tersura.
De la inocencia y la calma
pronto los hombres se alejan,
y las mujeres semejan
siempre al niño, en cuerpo y alma.
Si hacer trizas se las ve
del corazón de algún hombre,
lo hacen solo, y no os asombre,
con la mejor buena fe.
También el niño, tan presto
como tiene de ello antojos,
arranca a una ave los ojos
y no es criminal por esto.
Toda cariño y amor,
amor la mujer desea;
sino al que la llama fea
a nadie guarda rencor.
Que al fin ella ha de querer
como el ave ha de cantar,
como el río ha de ir al mar,
como el mañana al ayer.
Nunca del amor el rayo
en su pecho infantil muere,
y si al marido no quiere
querrá a cualquiera..., al lacayo.
Ignorando este misterio,
deja a su esposa en olvido
el marido, y el marido
justifica el adulterio.
Yo no envidio al que comparte
el exclusivo cariño
que debe a su mujer-niño,
con la ciencia o con el arte.
De ningún hombre de ciencia
el talento hereda el hijo...,
y no se deja, de fijo,
de cumplir la ley de herencia.
Para poder comprender
el misterio que calculan,
los que la odian o la adulan,
que se encierra en la mujer,
basta saber el real
y profundísimo enlace
en que confundido yace
lo físico y lo moral.
Mujer y hombre se parecen
al ser niños; con la edad
surge entre ellos variedad
que crece cuanto ellos crecen.
Toma de aquel la figura
masculinos caracteres,
y conservan las mujeres
de los niños la tersura.
De la inocencia y la calma
pronto los hombres se alejan,
y las mujeres semejan
siempre al niño, en cuerpo y alma.
Si hacer trizas se las ve
del corazón de algún hombre,
lo hacen solo, y no os asombre,
con la mejor buena fe.
También el niño, tan presto
como tiene de ello antojos,
arranca a una ave los ojos
y no es criminal por esto.
Toda cariño y amor,
amor la mujer desea;
sino al que la llama fea
a nadie guarda rencor.
Que al fin ella ha de querer
como el ave ha de cantar,
como el río ha de ir al mar,
como el mañana al ayer.
Nunca del amor el rayo
en su pecho infantil muere,
y si al marido no quiere
querrá a cualquiera..., al lacayo.
Ignorando este misterio,
deja a su esposa en olvido
el marido, y el marido
justifica el adulterio.
Yo no envidio al que comparte
el exclusivo cariño
que debe a su mujer-niño,
con la ciencia o con el arte.
De ningún hombre de ciencia
el talento hereda el hijo...,
y no se deja, de fijo,
de cumplir la ley de herencia.
miércoles, 23 de enero de 2013
"Lo respetable" y "Fábula", más poemas de Bartrina
LO RESPETABLE
Una ballena vieja y arrugada,
con pocos dientes, casi ya sin vista
o a lo menos con vista muy cansada,
andaba por los mares poco lista,
arrastrando su mole fatigada.
Ella que huyó el arpón del ballenero
cuando tenía el cuerpo más ligero,
perdidos ya el olfato y la destreza,
no asomaba a flor de agua la cabeza
temiendo siempre al pescador artero.
-¿Pues cómo el pez hallaba y engullía?
-¡Es natural! El miedo aún subsistía
que infundiera, y, con santa devoción,
a ser comido el pez se sometía...
por respeto a la antigua tradición.
FÁBULA
De los lentes de un botánico
cayó un cristal, se hizo piezas,
y quedó sobre una hormiga
un pedazo al dar en tierra.
Las hormigas al pasar,
deteníanse, y, sorpresas,
contemplaban a una hermana
de tan rara corpulencia;
y la pequeñuela hormiga,
debajo del cristal presa,
convertidas en gigantas
miraba a sus compañeras;
en tanto el sabio reía
del terror de todas ellas.
¡Entre cristales de aumento
cuánta gente se pasea!
Una ballena vieja y arrugada,
con pocos dientes, casi ya sin vista
o a lo menos con vista muy cansada,
andaba por los mares poco lista,
arrastrando su mole fatigada.
Ella que huyó el arpón del ballenero
cuando tenía el cuerpo más ligero,
perdidos ya el olfato y la destreza,
no asomaba a flor de agua la cabeza
temiendo siempre al pescador artero.
-¿Pues cómo el pez hallaba y engullía?
-¡Es natural! El miedo aún subsistía
que infundiera, y, con santa devoción,
a ser comido el pez se sometía...
por respeto a la antigua tradición.
FÁBULA
De los lentes de un botánico
cayó un cristal, se hizo piezas,
y quedó sobre una hormiga
un pedazo al dar en tierra.
Las hormigas al pasar,
deteníanse, y, sorpresas,
contemplaban a una hermana
de tan rara corpulencia;
y la pequeñuela hormiga,
debajo del cristal presa,
convertidas en gigantas
miraba a sus compañeras;
en tanto el sabio reía
del terror de todas ellas.
¡Entre cristales de aumento
cuánta gente se pasea!
miércoles, 16 de enero de 2013
"Ciencia imposible", poema de Bartrina
CIENCIA IMPOSIBLE
Un geólogo de Inglaterra
hizo a su país notorio,
sin moverse de su tierra,
ni aun de su laboratorio,
los ríos y las montañas
que escondían al mortal
las misteriosas entrañas
de toda el África austral.
Y Livingstone, que seguía
aquella ignota región,
de cuanto el sabio decía
halló la confirmación.
Estudiando Le Verrier
un intrincado problema,
un nuevo astro creyó ver
en nuestro solar sistema.
Y citándole en su esfera,
al saber su movimiento,
le mandó compareciera
a un punto del firmamento.
Contra todo lo esperado,
de la región infinita
en el punto señalado
Neptuno acudió a la cita.
En las regiones vecinas
a la bíblica Israel,
donde aún se ven las ruinas
de Nínive y de Babel,
de ladrillos calcinados,
se hallan montones enormes,
en cuya arcilla hay grabados
caracteres cuneiformes.
Botín fueron de un viaje
y un sabio halló su secreto,
y resucitó un lenguaje,
y adivinó un alfabeto,
y en los signos descubiertos
hoy leer bien podemos ya
la historia de pueblos muertos
veinticinco siglos ha.
Y ni uno de los tres sabios,
ni ningún sabio del mundo,
osa desplegar los labios
ante el misterio profundo
del microcosmos, del ser;
mundo en cuya realidad
todo se puede saber,
todo, menos la verdad.
Nadie sus leyes percibe,
sus secretos no sabemos,
y esto que en nosotros vive
desde el punto en que nacemos.
Ni aun el sabio de más fama,
si es de lo falso enemigo,
dirá: esta mujer me ama,
o bien: este hombre es mi amigo.
Un geólogo de Inglaterra
hizo a su país notorio,
sin moverse de su tierra,
ni aun de su laboratorio,
los ríos y las montañas
que escondían al mortal
las misteriosas entrañas
de toda el África austral.
Y Livingstone, que seguía
aquella ignota región,
de cuanto el sabio decía
halló la confirmación.
Estudiando Le Verrier
un intrincado problema,
un nuevo astro creyó ver
en nuestro solar sistema.
Y citándole en su esfera,
al saber su movimiento,
le mandó compareciera
a un punto del firmamento.
Contra todo lo esperado,
de la región infinita
en el punto señalado
Neptuno acudió a la cita.
En las regiones vecinas
a la bíblica Israel,
donde aún se ven las ruinas
de Nínive y de Babel,
de ladrillos calcinados,
se hallan montones enormes,
en cuya arcilla hay grabados
caracteres cuneiformes.
Botín fueron de un viaje
y un sabio halló su secreto,
y resucitó un lenguaje,
y adivinó un alfabeto,
y en los signos descubiertos
hoy leer bien podemos ya
la historia de pueblos muertos
veinticinco siglos ha.
Y ni uno de los tres sabios,
ni ningún sabio del mundo,
osa desplegar los labios
ante el misterio profundo
del microcosmos, del ser;
mundo en cuya realidad
todo se puede saber,
todo, menos la verdad.
Nadie sus leyes percibe,
sus secretos no sabemos,
y esto que en nosotros vive
desde el punto en que nacemos.
Ni aun el sabio de más fama,
si es de lo falso enemigo,
dirá: esta mujer me ama,
o bien: este hombre es mi amigo.
miércoles, 9 de enero de 2013
Joaquín María Bartrina escribió los poemas "Excepción" y "Contra Darwin"
EXCEPCIÓN
Nada muere en el mundo. El movimiento
transfórmase en calor, luz o sonido;
la materia es eterna:
cuanto es también será, también ha sido.
Al esconder el sol sus resplandores
no se pierde la luz con que ilumina;
transfórmase en matices en las flores,
en imágenes mil en la retina.
El carbón que da el gas a las ciudades
y el fuego a la veloz locomotora
fue bosque en remotísimas edades,
y es la luz que en sí encierra
y nos devuelve ahora
la luz del sol que le alumbró en la tierra.
Sobre el mar la gaviota se desliza
y el agua con sus alas débil hiere,
y aquella ondulación con que el mar riza
no efímera allí muere,
que en las lejanas playas se confunde
con las que causa el barco que se hunde.
Solo en el mundo la memoria humana
es fuerza que sucumba,
¡y del yo nada queda en pos la tumba!
El hombre al hombre olvida,
si le es indiferente, cuando muere,
y si le debe algún favor, en vida.
CONTRA DARWIN
Cuentan que en Abisinia una manada
de feos babuinos
fue de Brehm por los perros atacada,
al cerrarle del monte los caminos.
De entre los cuadrumanos los más viejos
sobre los perros prestos se arrojaron,
y estos al punto el campo abandonaron
no creyendo seguros sus pellejos.
Al ver trepar en salvo por las rocas
y huir al monte la simiana gente,
Brehm, contando sus fuerzas, que eran pocas,
azuzó a su traílla nuevamente.
Esta corrió veloz, y en un momento
el valle ensordeció con sus ladridos
al alcanzar, de todos los huidos,
a un pequeño babuino rezagado
que apenas cinco meses contaría,
y que al verse cercado
prorrumpió en agudísimos chillidos.
Al escuchar sus voces de agonía,
un viejo babuino,
bajó del salvador monte vecino,
se echó sobre los perros, con sus brazos
el cerco hizo pedazos,
arrebató al pequeño
y huyó con él, le dio su valor alas,
y ceder no le hicieron de su empeño
ya ni los perros, ni de Brehm las balas.
Herido, ensangrentado,
llegó el heroico mono a la montaña
y entregó a los demás el rescatado.
Tal vez la muerte coronó su hazaña.
Las doctrinas de Darwin abandono,
pues a decir, ¡oh estupidez!, se atreve
¡que mucho el hombre se parece al mono!
Nada muere en el mundo. El movimiento
transfórmase en calor, luz o sonido;
la materia es eterna:
cuanto es también será, también ha sido.
Al esconder el sol sus resplandores
no se pierde la luz con que ilumina;
transfórmase en matices en las flores,
en imágenes mil en la retina.
El carbón que da el gas a las ciudades
y el fuego a la veloz locomotora
fue bosque en remotísimas edades,
y es la luz que en sí encierra
y nos devuelve ahora
la luz del sol que le alumbró en la tierra.
Sobre el mar la gaviota se desliza
y el agua con sus alas débil hiere,
y aquella ondulación con que el mar riza
no efímera allí muere,
que en las lejanas playas se confunde
con las que causa el barco que se hunde.
Solo en el mundo la memoria humana
es fuerza que sucumba,
¡y del yo nada queda en pos la tumba!
El hombre al hombre olvida,
si le es indiferente, cuando muere,
y si le debe algún favor, en vida.
CONTRA DARWIN
Cuentan que en Abisinia una manada
de feos babuinos
fue de Brehm por los perros atacada,
al cerrarle del monte los caminos.
De entre los cuadrumanos los más viejos
sobre los perros prestos se arrojaron,
y estos al punto el campo abandonaron
no creyendo seguros sus pellejos.
Al ver trepar en salvo por las rocas
y huir al monte la simiana gente,
Brehm, contando sus fuerzas, que eran pocas,
azuzó a su traílla nuevamente.
Esta corrió veloz, y en un momento
el valle ensordeció con sus ladridos
al alcanzar, de todos los huidos,
a un pequeño babuino rezagado
que apenas cinco meses contaría,
y que al verse cercado
prorrumpió en agudísimos chillidos.
Al escuchar sus voces de agonía,
un viejo babuino,
bajó del salvador monte vecino,
se echó sobre los perros, con sus brazos
el cerco hizo pedazos,
arrebató al pequeño
y huyó con él, le dio su valor alas,
y ceder no le hicieron de su empeño
ya ni los perros, ni de Brehm las balas.
Herido, ensangrentado,
llegó el heroico mono a la montaña
y entregó a los demás el rescatado.
Tal vez la muerte coronó su hazaña.
Las doctrinas de Darwin abandono,
pues a decir, ¡oh estupidez!, se atreve
¡que mucho el hombre se parece al mono!
miércoles, 2 de enero de 2013
"Fábula" y "Conformes", poemas de Joaquín María Bartrina
FÁBULA
Cruzando por los profundos
espacios iba un cometa,
y cuentan que rabiaba,
al ver la distancia inmensa
a que estaba de este mundo,
de que no le apercibiera
ni aun el más estudioso
astrónomo de la tierra.
-¿Cómo lo haré, se decía,
para que todos me vean
y cuenten que soy, acaso,
un pronóstico de guerra,
de muerte de rey o papa,
de año de peste y miseria!
-¿Cómo lo haré?, repetía,
sin suspender su carrera.
De repente acertó el modo
de realizar su idea:
pasó por delante el sol
y una mancha dejó impresa
móvil del astro del día
en la esplendorosa esfera.
Al ver la mancha, el astrónomo
adivinó la existencia
del que fuera, a no manchar,
un ignorado cometa.
(Y el cometa, con su maña,
más que a servir a la ciencia,
aprovechó a la ignorancia,
que aprendió la estratagema.)
CONFORMES
Es bella, te ama. Yo tu ventura,
aunque ya envidio, más envidiara
si no supiera que su hermosura
está en tus ojos más que en su cara.
Su amor -y conste que no es despecho,
que de mis dudas no son resabios-
está en sus labios más que en su pecho
y está en tu mente más que en sus labios.
Pero ¡qué diablo! Cual solo es justa
la ley cuando hace lo que queremos,
solo es belleza lo que nos gusta,
verdad es solo lo que creemos.
Veo que sabe tu inexperiencia
lo que el estudio más viejo ignora.
Te compadece mi altiva ciencia;
mi alma, al saberlo, te envidia y llora.
Cruzando por los profundos
espacios iba un cometa,
y cuentan que rabiaba,
al ver la distancia inmensa
a que estaba de este mundo,
de que no le apercibiera
ni aun el más estudioso
astrónomo de la tierra.
-¿Cómo lo haré, se decía,
para que todos me vean
y cuenten que soy, acaso,
un pronóstico de guerra,
de muerte de rey o papa,
de año de peste y miseria!
-¿Cómo lo haré?, repetía,
sin suspender su carrera.
De repente acertó el modo
de realizar su idea:
pasó por delante el sol
y una mancha dejó impresa
móvil del astro del día
en la esplendorosa esfera.
Al ver la mancha, el astrónomo
adivinó la existencia
del que fuera, a no manchar,
un ignorado cometa.
(Y el cometa, con su maña,
más que a servir a la ciencia,
aprovechó a la ignorancia,
que aprendió la estratagema.)
CONFORMES
Es bella, te ama. Yo tu ventura,
aunque ya envidio, más envidiara
si no supiera que su hermosura
está en tus ojos más que en su cara.
Su amor -y conste que no es despecho,
que de mis dudas no son resabios-
está en sus labios más que en su pecho
y está en tu mente más que en sus labios.
Pero ¡qué diablo! Cual solo es justa
la ley cuando hace lo que queremos,
solo es belleza lo que nos gusta,
verdad es solo lo que creemos.
Veo que sabe tu inexperiencia
lo que el estudio más viejo ignora.
Te compadece mi altiva ciencia;
mi alma, al saberlo, te envidia y llora.
miércoles, 26 de diciembre de 2012
"¡Ecce homo!", poema de Bartrina
¡ECCE HOMO!
Hace ya veinticuatro años
que vivo solo conmigo
y hace cuatro que deseo
divorciarme de mí mismo.
Todo cuanto me rodea
me causa profundo hastío,
y si entro en mí, me da espanto
y me da horror lo que miro...
Mi cabeza es vasto caos
caliginoso y sombrío
del que nunca saldrá un mundo,
y es mi corazón un circo
en que luchan como fieras
mis virtudes y mis vicios.
Sin una estrella en mi cielo,
en negra noche camino;
busco flores y hallo abrojos,
celeste aroma percibo,
corro a él, y, al correr, ciego,
mis pies hallan el vacío;
imposible es detenerme,
caigo rodando a un abismo,
logro agarrarme a una rosa...,
¡y se desprende conmigo!
. . . . . . . . . .
. . . . . . . . . .
. . . . . . . . . .
. . . . . . . . . .
. . . . . . . . . .
Hoy ni amar ni sentir puedo...
¡Oh!, cuando pienso que he sido
feliz, ¡que podría serlo!
Un día, día maldito,
una ansia de saber loca
hizo probar a mi espíritu
la, por vedada, incitante
fruta del árbol prohibido
del bien y del mal... ¡La ciencia
me arrojó del paraíso!
Cruel ella, en microscopios
mis ojos ha convertido;
la que otros ven agua pura
llena de infusorios miro,
y donde hallan amor ellos,
solo descubro egoísmo.
Hay quien de noche, en el bosque,
se encanta ante el puro brillo
de una luz que entre las hojas
del césped se abre camino;
yo no, no puedo encantarme
y a aquella luz me aproximo,
hasta encontrar el gusano...,
¡y hago en el mundo lo mismo!
Y si me causa la vida
aburrimiento y fastidio,
solo al pensar en la muerte
me vienen escalofríos.
Mal si vivo, y peor si muero,
ved si estaré divertido...
Si los seres de la tierra
viven todos cual yo vivo,
¡como hay Dios (si lo hay), no entiendo
para qué habremos nacido!...
¡Maldita sea mi suerte
y el día sea maldito
en que me enviaron al mundo
sin consultarlo conmigo!...
Hace ya veinticuatro años
que vivo solo conmigo
y hace cuatro que deseo
divorciarme de mí mismo.
Todo cuanto me rodea
me causa profundo hastío,
y si entro en mí, me da espanto
y me da horror lo que miro...
Mi cabeza es vasto caos
caliginoso y sombrío
del que nunca saldrá un mundo,
y es mi corazón un circo
en que luchan como fieras
mis virtudes y mis vicios.
Sin una estrella en mi cielo,
en negra noche camino;
busco flores y hallo abrojos,
celeste aroma percibo,
corro a él, y, al correr, ciego,
mis pies hallan el vacío;
imposible es detenerme,
caigo rodando a un abismo,
logro agarrarme a una rosa...,
¡y se desprende conmigo!
. . . . . . . . . .
. . . . . . . . . .
. . . . . . . . . .
. . . . . . . . . .
. . . . . . . . . .
Hoy ni amar ni sentir puedo...
¡Oh!, cuando pienso que he sido
feliz, ¡que podría serlo!
Un día, día maldito,
una ansia de saber loca
hizo probar a mi espíritu
la, por vedada, incitante
fruta del árbol prohibido
del bien y del mal... ¡La ciencia
me arrojó del paraíso!
Cruel ella, en microscopios
mis ojos ha convertido;
la que otros ven agua pura
llena de infusorios miro,
y donde hallan amor ellos,
solo descubro egoísmo.
Hay quien de noche, en el bosque,
se encanta ante el puro brillo
de una luz que entre las hojas
del césped se abre camino;
yo no, no puedo encantarme
y a aquella luz me aproximo,
hasta encontrar el gusano...,
¡y hago en el mundo lo mismo!
Y si me causa la vida
aburrimiento y fastidio,
solo al pensar en la muerte
me vienen escalofríos.
Mal si vivo, y peor si muero,
ved si estaré divertido...
Si los seres de la tierra
viven todos cual yo vivo,
¡como hay Dios (si lo hay), no entiendo
para qué habremos nacido!...
¡Maldita sea mi suerte
y el día sea maldito
en que me enviaron al mundo
sin consultarlo conmigo!...
miércoles, 19 de diciembre de 2012
"Mis cuatro muertes", poema de Joaquín María Bartrina
MIS CUATRO MUERTES
La amaba como se ama cuando se ama.
De mi pasión la llama
encendió con el fuego de sus ojos,
y amor eterno la juré de hinojos.
Era feliz (¡oh!, ¡quién decir pudiera
siempre soy, nunca era!).
La amaba, ella también. Yo, pobre loco,
fui fiel, ella... ¡tampoco!
Mi llanto apagó el fuego de la fragua
que ardía en mí, y mi pecho disolvióse
como un terrón de azúcar en el agua.
Su amor era mi vida;
quedó, al perderse aquel, esta perdida,
y me morí.
Resucité, y hastiado
quedé al resucitar transfigurado.
No era el yo del siguiente
el yo del día antes,
cosa que, tras un trueno, es consiguiente
suceda a casi todos los amantes.
Desengañado del amor, mi anhelo
en la amistad buscó dulce consuelo
y mi vida partí con fe sincera.
¡No! Digo mal partí, se la di entera
a un amigo, ¡que lo era me creía!
Pero un día llegó, ¡terrible día!,
le tuve de pesar en la balanza
del interés, y aquel amigo mío,
a quien quería yo con tanto exceso,
cedió a una onza de peso.
Al sufrir desengaño tan horrible,
sentí pena indecible
y me morí otra vez.
Volví a la vida.
Mi mente fue atraída
por esa meretriz que llaman gloria,
y la seguí; confiado en la victoria,
por ella batallé, la mente mía
un día y otro día
luchó con frenesí... Mi loco anhelo
un desengaño halló, que no un consuelo,
y vi a aquella que virgen yo creía
prostituirse vilmente a la Osadía.
Sentí que un dardo agudo
me atravesó. Sufrí dolor de muerte,
y me volví a morir.
Mi extraña suerte
quiso que nueva vida recobrase
y a la ciencia con fe la consagrase.
Midió mi inteligencia,
la inmensidad del cielo de la ciencia,
y allí me hizo encontrar mi suerte ruda
tras de un porqué la duda.
Y en mi espíritu entró, y con vil aliento
emponzoñó del alma el sentimiento
más puro, más divino;
el único que pudo mi destino
salvar de mis tres muertes anteriores.
¡Sí, me volví a morir!
Muerto me creo,
aunque ¡quién sabe si vendrá un deseo
a despertar mi alma mal dormida
ofreciéndola dichas sin medida!
Es fuerza, así lo veo,
morirse muchas veces en la vida.
La amaba como se ama cuando se ama.
De mi pasión la llama
encendió con el fuego de sus ojos,
y amor eterno la juré de hinojos.
Era feliz (¡oh!, ¡quién decir pudiera
siempre soy, nunca era!).
La amaba, ella también. Yo, pobre loco,
fui fiel, ella... ¡tampoco!
Mi llanto apagó el fuego de la fragua
que ardía en mí, y mi pecho disolvióse
como un terrón de azúcar en el agua.
Su amor era mi vida;
quedó, al perderse aquel, esta perdida,
y me morí.
Resucité, y hastiado
quedé al resucitar transfigurado.
No era el yo del siguiente
el yo del día antes,
cosa que, tras un trueno, es consiguiente
suceda a casi todos los amantes.
Desengañado del amor, mi anhelo
en la amistad buscó dulce consuelo
y mi vida partí con fe sincera.
¡No! Digo mal partí, se la di entera
a un amigo, ¡que lo era me creía!
Pero un día llegó, ¡terrible día!,
le tuve de pesar en la balanza
del interés, y aquel amigo mío,
a quien quería yo con tanto exceso,
cedió a una onza de peso.
Al sufrir desengaño tan horrible,
sentí pena indecible
y me morí otra vez.
Volví a la vida.
Mi mente fue atraída
por esa meretriz que llaman gloria,
y la seguí; confiado en la victoria,
por ella batallé, la mente mía
un día y otro día
luchó con frenesí... Mi loco anhelo
un desengaño halló, que no un consuelo,
y vi a aquella que virgen yo creía
prostituirse vilmente a la Osadía.
Sentí que un dardo agudo
me atravesó. Sufrí dolor de muerte,
y me volví a morir.
Mi extraña suerte
quiso que nueva vida recobrase
y a la ciencia con fe la consagrase.
Midió mi inteligencia,
la inmensidad del cielo de la ciencia,
y allí me hizo encontrar mi suerte ruda
tras de un porqué la duda.
Y en mi espíritu entró, y con vil aliento
emponzoñó del alma el sentimiento
más puro, más divino;
el único que pudo mi destino
salvar de mis tres muertes anteriores.
¡Sí, me volví a morir!
Muerto me creo,
aunque ¡quién sabe si vendrá un deseo
a despertar mi alma mal dormida
ofreciéndola dichas sin medida!
Es fuerza, así lo veo,
morirse muchas veces en la vida.
miércoles, 12 de diciembre de 2012
"De omni re scibili", poema burlesco de Bartriana cuyo título es cita a Pico de la Mirandola
DE OMNI RE SCIBILI
¡Todo lo sé! Del mundo los arcanos
ya no son, para mí,
lo que llama misterios sobrehumanos
el vulgo baladí.
Solo la ciencia a mi ansiedad responde,
y por la ciencia sé
que no existe ese dios que siempre esconde
el último porqué.
Sé que soy un mamífero bimano
(que no es poco saber)
y sé lo que es el átomo, ese arcano
del ser y del no ser.
Sé que el rubor que enciende las facciones
es sangre arterial;
que las lágrimas son las secreciones
del saco lacrimal;
que la virtud que al bien al hombre inclina
y el vicio, solo son
partículas de albúmina y fibrina
en corta proporción;
que el genio no es de Dios sagrado emblema,
no, señores, no tal:
el genio es un producto del sistema
nervioso cerebral,
y sus creaciones de sin par belleza
sólo están en razón
del fósforo que encierra la cabeza,
¡no de la inspiración!
Amor, misterio, bien indefinido,
sentimiento, placer...
¡palabrotas vacías de sentido
y sin razón de ser!...
Gozar es tener siempre electrizada
la médula espinal,
y en sí el placer es nada o casi nada,
un óxido, una sal.
¡Y aún dirán de la ciencia que es prosaica!
¿Hay nada, ¡vive Dios!,
bello como la fórmula algebraica
C = π r 2?
¡Todo lo sé! Del mundo los arcanos
ya no son, para mí,
lo que llama misterios sobrehumanos
el vulgo baladí...
Mas ¡ay!, que cuando exclamo, satisfecho:
¡todo, todo lo sé!...
siento aquí, en mi interior, dentro mi pecho
un algo... un no sé qué...
¡Todo lo sé! Del mundo los arcanos
ya no son, para mí,
lo que llama misterios sobrehumanos
el vulgo baladí.
Solo la ciencia a mi ansiedad responde,
y por la ciencia sé
que no existe ese dios que siempre esconde
el último porqué.
Sé que soy un mamífero bimano
(que no es poco saber)
y sé lo que es el átomo, ese arcano
del ser y del no ser.
Sé que el rubor que enciende las facciones
es sangre arterial;
que las lágrimas son las secreciones
del saco lacrimal;
que la virtud que al bien al hombre inclina
y el vicio, solo son
partículas de albúmina y fibrina
en corta proporción;
que el genio no es de Dios sagrado emblema,
no, señores, no tal:
el genio es un producto del sistema
nervioso cerebral,
y sus creaciones de sin par belleza
sólo están en razón
del fósforo que encierra la cabeza,
¡no de la inspiración!
Amor, misterio, bien indefinido,
sentimiento, placer...
¡palabrotas vacías de sentido
y sin razón de ser!...
Gozar es tener siempre electrizada
la médula espinal,
y en sí el placer es nada o casi nada,
un óxido, una sal.
¡Y aún dirán de la ciencia que es prosaica!
¿Hay nada, ¡vive Dios!,
bello como la fórmula algebraica
C = π r 2?
¡Todo lo sé! Del mundo los arcanos
ya no son, para mí,
lo que llama misterios sobrehumanos
el vulgo baladí...
Mas ¡ay!, que cuando exclamo, satisfecho:
¡todo, todo lo sé!...
siento aquí, en mi interior, dentro mi pecho
un algo... un no sé qué...
miércoles, 5 de diciembre de 2012
"Aniversario", "Fabulia" e "Indigestión" son poemas de Joaquín María Bartrina
ANIVERSARIO
I
Abrazada con su madre
contemplaba, triste, Andrea
el entierro de su padre,
y alguien murmuró: -¡Qué fea!...-
Subióle al rostro el rubor,
arrugóse su entrecejo,
y, olvidando su dolor,
corrió a mirarse al espejo.
II
Un año después llorando,
y que su luto acababa
alegre considerando,
¡la madre a la hija así hablaba!...
-¡Hoy se cumple un año, Andrea!...
-¿Hoy?... ¡No recuerdo!... ¡Es extraño!...
¡Ah!, sí, sí... (¡Hoy hace un año
que un hombre me llamó fea!)
INDIGESTIÓN
Empezó a tener hambre mi cabeza,
y se zampó mi virginal pureza;
tuvo más hambre, y, sin pedir permiso,
después de mi inocencia,
tragóse, hasta la hartura,
mis dulces ilusiones,
mis sueños de ventura,
de mi fe las risueñas creaciones,
mis bellas esperanzas...;
tuvo más hambre... ¡aún más!... En conclusión
llegó hasta devorar mi corazón.
Aquí una reflexión:
(tal vez voy a decir una simpleza)
¿verdad que mi cabeza
por fuerza ha de morir de indigestión?
FABULITA
Juan tenía un diamante de valía,
y, por querer saber lo que tenía,
la química estudió, y ebrio, anhelante,
analizó el diamante.
Mas ¡oh, qué horror!... Aquella joya bella,
lágrima, al parecer, de alguna estrella,
halló, con rabia y con profundo encono,
que era sólo un poquito de carbono...
Si quieres ser feliz, como me dices,
no analices, muchacho, no analices...
I
Abrazada con su madre
contemplaba, triste, Andrea
el entierro de su padre,
y alguien murmuró: -¡Qué fea!...-
Subióle al rostro el rubor,
arrugóse su entrecejo,
y, olvidando su dolor,
corrió a mirarse al espejo.
II
Un año después llorando,
y que su luto acababa
alegre considerando,
¡la madre a la hija así hablaba!...
-¡Hoy se cumple un año, Andrea!...
-¿Hoy?... ¡No recuerdo!... ¡Es extraño!...
¡Ah!, sí, sí... (¡Hoy hace un año
que un hombre me llamó fea!)
INDIGESTIÓN
Empezó a tener hambre mi cabeza,
y se zampó mi virginal pureza;
tuvo más hambre, y, sin pedir permiso,
después de mi inocencia,
tragóse, hasta la hartura,
mis dulces ilusiones,
mis sueños de ventura,
de mi fe las risueñas creaciones,
mis bellas esperanzas...;
tuvo más hambre... ¡aún más!... En conclusión
llegó hasta devorar mi corazón.
Aquí una reflexión:
(tal vez voy a decir una simpleza)
¿verdad que mi cabeza
por fuerza ha de morir de indigestión?
FABULITA
Juan tenía un diamante de valía,
y, por querer saber lo que tenía,
la química estudió, y ebrio, anhelante,
analizó el diamante.
Mas ¡oh, qué horror!... Aquella joya bella,
lágrima, al parecer, de alguna estrella,
halló, con rabia y con profundo encono,
que era sólo un poquito de carbono...
Si quieres ser feliz, como me dices,
no analices, muchacho, no analices...
miércoles, 28 de noviembre de 2012
"Tres fragmentos" e "Improvisaciones" de Bartrina (último cuarto del siglo XIX)
TRES FRAGMENTOS
- a) -
El doctor que por mi suerte
pone remedio a mis males,
me explicó ayer las señales
para conocer la muerte.
Y en verdad que me dio horror,
pensando, mi ex bien, en ti,
lo que claramente oí
de los labios del doctor.
¡Oh dolor! Pero ello es cierto
y es forzoso que lo diga:
¡Oh!, tú que fuiste mi amiga,
has de saber que te has muerto.
¿Qué respondes?, ¿que ayer mismo
admire tu lindo talle,
pues pasaste por mi calle?
¡Efectos del galvanismo!...
. . . . . . . . . .
. . . . . . . . . .
. . . . . . . . . .
. . . . . . . . . .
Además, por conclusión,
del cadáver, en verdad,
tienes la misma frialdad
y la misma corrupción.
IMPROVISACIONES
Leídas en la velada literaria, dada por los señores de Bremón, en obsequio a la distinguida escritora doña María del Pilar Sinués
ELECTRICIDAD
A FERNANDA LLANOS DE BREMÓN
Al ver que es una verdad
que, gracias a un buen doctor,
mitiga ya tu dolor
la activa electricidad,
reconozco la excelencia
del doctor y aquí le alabo.
Libre era el rayo: hoy esclavo
es tan solo de la ciencia.
La ciencia siempre intranquila
en su busca al cielo sube;
coge el rayo en una nube
y lo encierra en una pila;
y hoy el rayo, esclavo, lidia
para dar fuerzas dobladas
a la que con sus miradas
tantas veces le dio envidia.
A PILAR SINUÉS
La señora de Sinués
sabe ya mejor que yo
que es la pila, y hasta lo
que la electricidad es.
Hay dos polos: negativo
el uno, da una corriente
en un todo diferente
de la que da el positivo.
(No cuento el polo andaluz
entre un polo y otro polo.)
De esta lucha nace solo
el esplendor de la luz.
Y al ver en la ilustre autora
de tanta y tanta novela
con las que su nombre vuela
y más en fama atesora;
al ver en la de Sinués
un estilista, portento
de habilidad y talento,
y al mirarme yo al revés
y verme tan diferente,
creo, y por mi parte sé
que ha de establecerse, a fe,
de la amistad la corriente.
A LAS DAMAS DE LA REUNIÓN
Al ver en este salón
las eléctricas miradas
de las bellas invitadas,
un polo es mi corazón;
pero decírselo esquivo,
pues temo, porque lo arguyo,
que el polo corazón suyo
sea un polo negativo.
A TODOS LOS CONCURRENTES
Si al rayo debo el placer
de ver a Fernanda buena
y al rayo la dicha plena
de la amistad por doquier;
cuando el cielo, oscuro y fiero,
lance un rayo entre las aguas,
en vez de abrir el paraguas
me le quitaré el sombrero.
- a) -
El doctor que por mi suerte
pone remedio a mis males,
me explicó ayer las señales
para conocer la muerte.
Y en verdad que me dio horror,
pensando, mi ex bien, en ti,
lo que claramente oí
de los labios del doctor.
¡Oh dolor! Pero ello es cierto
y es forzoso que lo diga:
¡Oh!, tú que fuiste mi amiga,
has de saber que te has muerto.
¿Qué respondes?, ¿que ayer mismo
admire tu lindo talle,
pues pasaste por mi calle?
¡Efectos del galvanismo!...
. . . . . . . . . .
. . . . . . . . . .
. . . . . . . . . .
. . . . . . . . . .
Además, por conclusión,
del cadáver, en verdad,
tienes la misma frialdad
y la misma corrupción.
IMPROVISACIONES
Leídas en la velada literaria, dada por los señores de Bremón, en obsequio a la distinguida escritora doña María del Pilar Sinués
ELECTRICIDAD
A FERNANDA LLANOS DE BREMÓN
Al ver que es una verdad
que, gracias a un buen doctor,
mitiga ya tu dolor
la activa electricidad,
reconozco la excelencia
del doctor y aquí le alabo.
Libre era el rayo: hoy esclavo
es tan solo de la ciencia.
La ciencia siempre intranquila
en su busca al cielo sube;
coge el rayo en una nube
y lo encierra en una pila;
y hoy el rayo, esclavo, lidia
para dar fuerzas dobladas
a la que con sus miradas
tantas veces le dio envidia.
A PILAR SINUÉS
La señora de Sinués
sabe ya mejor que yo
que es la pila, y hasta lo
que la electricidad es.
Hay dos polos: negativo
el uno, da una corriente
en un todo diferente
de la que da el positivo.
(No cuento el polo andaluz
entre un polo y otro polo.)
De esta lucha nace solo
el esplendor de la luz.
Y al ver en la ilustre autora
de tanta y tanta novela
con las que su nombre vuela
y más en fama atesora;
al ver en la de Sinués
un estilista, portento
de habilidad y talento,
y al mirarme yo al revés
y verme tan diferente,
creo, y por mi parte sé
que ha de establecerse, a fe,
de la amistad la corriente.
A LAS DAMAS DE LA REUNIÓN
Al ver en este salón
las eléctricas miradas
de las bellas invitadas,
un polo es mi corazón;
pero decírselo esquivo,
pues temo, porque lo arguyo,
que el polo corazón suyo
sea un polo negativo.
A TODOS LOS CONCURRENTES
Si al rayo debo el placer
de ver a Fernanda buena
y al rayo la dicha plena
de la amistad por doquier;
cuando el cielo, oscuro y fiero,
lance un rayo entre las aguas,
en vez de abrir el paraguas
me le quitaré el sombrero.
miércoles, 21 de noviembre de 2012
"Íntima" y "A una artista lírica", poemas de Bartrina
ÍNTIMA
A R.
Cansado de farsa y dolo,
en aislamiento profundo,
camino llorando, solo,
¡solo!,
sin un amigo en el mundo.
El tiempo todo lo trunca
¡ay!, y por eso en la vida
sé que no ha de volver nunca
¡nunca!,
la dicha, una vez perdida.
Aunque luz mi mente irradie,
cuando yo triste sucumba,
ni amante, ni amigo; nadie
¡nadie
vendrá a llorar en mi tumba!
A UNA ARTISTA LÍRICA
En la noche de su beneficio
Es opinión de recibo
que, mejor que a la acción prúsica,
se considera a la música
cual método curativo.
En ella hallarás la calma,
público, cuando la pierdas,
que ella hace vibrar las cuerdas
del alma, si acaso hay alma.
Y aunque es una idea cómica
que al pronto bien no se alcanza,
más excita una romanza
que una dosis de nux vomica[nuez vómica].
En ningún libro está escrito
y a nadie tal vez le acuda,
mas, por si alguno lo duda,
a la prueba me remito.
Da una tiple con profundo arte
un mi bemol; bien pues
el mi da 603
vibraciones por segundo.
Y sumando vibraciones
por cada nota que brota,
el que oye, por cada nota
goza un mar de sensaciones.
Y multiplicando así
todas ellas sin temor,
por la sensación mayor
que es el admirarte a ti,
resulta de esta doctrina
que cuando cantando estás,
te han de aplaudir a ti más
que a un doctor en medicina.
A R.
Cansado de farsa y dolo,
en aislamiento profundo,
camino llorando, solo,
¡solo!,
sin un amigo en el mundo.
El tiempo todo lo trunca
¡ay!, y por eso en la vida
sé que no ha de volver nunca
¡nunca!,
la dicha, una vez perdida.
Aunque luz mi mente irradie,
cuando yo triste sucumba,
ni amante, ni amigo; nadie
¡nadie
vendrá a llorar en mi tumba!
A UNA ARTISTA LÍRICA
En la noche de su beneficio
Es opinión de recibo
que, mejor que a la acción prúsica,
se considera a la música
cual método curativo.
En ella hallarás la calma,
público, cuando la pierdas,
que ella hace vibrar las cuerdas
del alma, si acaso hay alma.
Y aunque es una idea cómica
que al pronto bien no se alcanza,
más excita una romanza
que una dosis de nux vomica[nuez vómica].
En ningún libro está escrito
y a nadie tal vez le acuda,
mas, por si alguno lo duda,
a la prueba me remito.
Da una tiple con profundo arte
un mi bemol; bien pues
el mi da 603
vibraciones por segundo.
Y sumando vibraciones
por cada nota que brota,
el que oye, por cada nota
goza un mar de sensaciones.
Y multiplicando así
todas ellas sin temor,
por la sensación mayor
que es el admirarte a ti,
resulta de esta doctrina
que cuando cantando estás,
te han de aplaudir a ti más
que a un doctor en medicina.
miércoles, 14 de noviembre de 2012
"Un viaje fantástico", poema de Bartrina
UN VIAJE FANTÁSTICO
No sé dónde, ni sé cuándo
hubo un ente original
que para ser inmortal
pasaba el tiempo buscando
la piedra filosofal.
Y aunque por rico pasaba
y aunque sabio se creía,
trabajando noche y día
por buscar lo que soñaba
perdió lo que ya tenía.
De su suerte la impiedad
maldijo airado y terrible
y por calmar su ansiedad
de saber, creyó posible
hallar la felicidad.
Arreglóse el equipaje,
cambió un tubo por un traje,
quemó su laboratorio,
y así emprendió su ilusorio
y fantástico viaje.
Al cabo de buen espacio
y de buen rato de andar,
vio a lo lejos a un juglar
que iba a un señorial palacio
para sus penas trovar.
Al divisarle su vista
siguióle un rato la pista,
alcanzóle, y -Perdonad
-le dijo nuestro alquimista-,
-¿sabéis qué es felicidad?
-¿Felicidad? Es pasar
en un deliquio la vida
y dulcemente cantar
los placeres del amar
al pie de nuestra querida.
-¿Y nada más es?
-Sí, a fe,
amar entusiasta el arte.
-¿Y eres feliz?
-¿Yo?, no.
-Ve, pues, -y el buen juglar se fue
con la música a otra parte.
Sonrió el alquimista, apenas
de él el juglar se ausentó,
cruzó praderas amenas,
hasta que al fin las almenas
de un castillo divisó.
Tras mucho andar se vio enfrente
de aquel enhiesto castillo,
hallóse con otra gente
y bajaron el rastrillo
con el levadizo puente.
Por él paso el cenagoso
y profundísimo pozo,
y entró en el recinto, donde,
pensativo y caviloso,
encontró al ceñudo conde.
Inclinóse y saludó
a la altiva majestad
(que ni siquier le miró),
y cual siempre, preguntó:
-¿Sabéis qué es felicidad?
-Felicidad es la ley
imponer a nuestra grey
y unir, pues me corresponde,
a una corona de conde
una corona de rey.
-¿Y sois feliz?
-Y ¿quién lo es?
Si un rey antes me humilló,
él lo será, mas yo no,
ya que me incliné a sus pies.
Dijo el conde, y se marchó.
Al sacerdote halló luego
y a la condesa y a un paje
y a todos alzó su ruego
explicándoles con fuego
el objeto de su viaje.
-Fuera feliz -la condesa
le dijo, -a ser yo duquesa,
que ahora, de mi suerte esclava,
para mí el placer acaba,
mientras para ella no cesa.
Entonces yo miraría
batirse con fe bravía,
al eco de cien clarines,
mil apuestos paladines
por una mirada mía.
-Feliz -respondióle el paje-
fuéralo yo, según creo,
si ciñera un marcial traje,
rompiendo en brioso coraje
cien lanzas en un torneo.
Y oír, alegre el corazón,
que aclamaran mi tesón
al rumor del añafil,
desde el pechero más vil
al más cumplido garzón.
-Feliz -dijo el sacerdote-
sólo lo es quien cree en Dios.
-Entonces ¿lo seréis vos?
-¡Yo!... -y calló, y luego a buen trote
se fue siguiendo a los dos.
Huyó presto el alquimista,
aburrido y despechado,
salió del castillo airado,
y hasta perderlo de vista
no respiró sosegado.
Caminó muy diligente
y creyó lograr su idea
acertada y prontamente,
al ver un corro de gente
a la puerta de una aldea.
Fuese allí con ansiedad,
abriéronle el paso todos
al ver su provecta edad,
y él les dijo en sabios modos:
-¿Sabéis qué es felicidad?
Cuando la pregunta oyeron
su objeto no comprendieron;
unos al cielo miraron,
al suelo otros se inclinaron,
y al fin así respondieron:
El menos necio: -¡No sé!
Un labrador: -¡Ya se ve!,
tener yugadas de tierra,
no ver de señores guerra
e ir a los autos de fe.
Uno: -Por siempre gozar
del amor de una mujer.
Una (en voz muy baja): -¡Amar!
Aquel a esta: -Tu adorar.
Esa a aquel: -¡Ay!, su querer.
Uno rico: -La indigencia.
Uno pobre: -La opulencia.
Uno muy viejo: -La infancia.
Uno estúpido: -La ciencia.
Uno sabio: -La ignorancia.
Cuando halló en tan pocos seres
tan diversos pareceres,
nuestro cuitado alquimista,
antes de hablar las mujeres
se marchó con planta lista.
En su loco desvarío
el mundo cruzó bravío
de su bello ideal en pos,
viniendo a ser un Judío
errante número dos.
Matóle su ideal maldito,
y arrepentido y contrito,
dejó, fruto de su numen,
de sus viajes el resumen
en quince líneas escrito:
«Nuestra vida pobre y triste
sólo en un punto consiste,
que fijó la suerte ciega
entre un ayer que no existe
y un mañana que no llega.
Y cansados de no ver
el goce en nuestro alredor,
en nuestro cruel padecer
solo llamamos placer
a la escasez del dolor.
La felicidad que amamos
siempre está en lo que perdemos
y siempre en lo que buscamos,
y ¡ay!, nunca está en lo que hallamos
y nunca en lo que tenemos.»
No sé dónde, ni sé cuándo
hubo un ente original
que para ser inmortal
pasaba el tiempo buscando
la piedra filosofal.
Y aunque por rico pasaba
y aunque sabio se creía,
trabajando noche y día
por buscar lo que soñaba
perdió lo que ya tenía.
De su suerte la impiedad
maldijo airado y terrible
y por calmar su ansiedad
de saber, creyó posible
hallar la felicidad.
Arreglóse el equipaje,
cambió un tubo por un traje,
quemó su laboratorio,
y así emprendió su ilusorio
y fantástico viaje.
Al cabo de buen espacio
y de buen rato de andar,
vio a lo lejos a un juglar
que iba a un señorial palacio
para sus penas trovar.
Al divisarle su vista
siguióle un rato la pista,
alcanzóle, y -Perdonad
-le dijo nuestro alquimista-,
-¿sabéis qué es felicidad?
-¿Felicidad? Es pasar
en un deliquio la vida
y dulcemente cantar
los placeres del amar
al pie de nuestra querida.
-¿Y nada más es?
-Sí, a fe,
amar entusiasta el arte.
-¿Y eres feliz?
-¿Yo?, no.
-Ve, pues, -y el buen juglar se fue
con la música a otra parte.
Sonrió el alquimista, apenas
de él el juglar se ausentó,
cruzó praderas amenas,
hasta que al fin las almenas
de un castillo divisó.
Tras mucho andar se vio enfrente
de aquel enhiesto castillo,
hallóse con otra gente
y bajaron el rastrillo
con el levadizo puente.
Por él paso el cenagoso
y profundísimo pozo,
y entró en el recinto, donde,
pensativo y caviloso,
encontró al ceñudo conde.
Inclinóse y saludó
a la altiva majestad
(que ni siquier le miró),
y cual siempre, preguntó:
-¿Sabéis qué es felicidad?
-Felicidad es la ley
imponer a nuestra grey
y unir, pues me corresponde,
a una corona de conde
una corona de rey.
-¿Y sois feliz?
-Y ¿quién lo es?
Si un rey antes me humilló,
él lo será, mas yo no,
ya que me incliné a sus pies.
Dijo el conde, y se marchó.
Al sacerdote halló luego
y a la condesa y a un paje
y a todos alzó su ruego
explicándoles con fuego
el objeto de su viaje.
-Fuera feliz -la condesa
le dijo, -a ser yo duquesa,
que ahora, de mi suerte esclava,
para mí el placer acaba,
mientras para ella no cesa.
Entonces yo miraría
batirse con fe bravía,
al eco de cien clarines,
mil apuestos paladines
por una mirada mía.
-Feliz -respondióle el paje-
fuéralo yo, según creo,
si ciñera un marcial traje,
rompiendo en brioso coraje
cien lanzas en un torneo.
Y oír, alegre el corazón,
que aclamaran mi tesón
al rumor del añafil,
desde el pechero más vil
al más cumplido garzón.
-Feliz -dijo el sacerdote-
sólo lo es quien cree en Dios.
-Entonces ¿lo seréis vos?
-¡Yo!... -y calló, y luego a buen trote
se fue siguiendo a los dos.
Huyó presto el alquimista,
aburrido y despechado,
salió del castillo airado,
y hasta perderlo de vista
no respiró sosegado.
Caminó muy diligente
y creyó lograr su idea
acertada y prontamente,
al ver un corro de gente
a la puerta de una aldea.
Fuese allí con ansiedad,
abriéronle el paso todos
al ver su provecta edad,
y él les dijo en sabios modos:
-¿Sabéis qué es felicidad?
Cuando la pregunta oyeron
su objeto no comprendieron;
unos al cielo miraron,
al suelo otros se inclinaron,
y al fin así respondieron:
El menos necio: -¡No sé!
Un labrador: -¡Ya se ve!,
tener yugadas de tierra,
no ver de señores guerra
e ir a los autos de fe.
Uno: -Por siempre gozar
del amor de una mujer.
Una (en voz muy baja): -¡Amar!
Aquel a esta: -Tu adorar.
Esa a aquel: -¡Ay!, su querer.
Uno rico: -La indigencia.
Uno pobre: -La opulencia.
Uno muy viejo: -La infancia.
Uno estúpido: -La ciencia.
Uno sabio: -La ignorancia.
Cuando halló en tan pocos seres
tan diversos pareceres,
nuestro cuitado alquimista,
antes de hablar las mujeres
se marchó con planta lista.
En su loco desvarío
el mundo cruzó bravío
de su bello ideal en pos,
viniendo a ser un Judío
errante número dos.
Matóle su ideal maldito,
y arrepentido y contrito,
dejó, fruto de su numen,
de sus viajes el resumen
en quince líneas escrito:
«Nuestra vida pobre y triste
sólo en un punto consiste,
que fijó la suerte ciega
entre un ayer que no existe
y un mañana que no llega.
Y cansados de no ver
el goce en nuestro alredor,
en nuestro cruel padecer
solo llamamos placer
a la escasez del dolor.
La felicidad que amamos
siempre está en lo que perdemos
y siempre en lo que buscamos,
y ¡ay!, nunca está en lo que hallamos
y nunca en lo que tenemos.»
miércoles, 7 de noviembre de 2012
"[Cómo corren...]" y "La canción de la esposa", más poemas de Bartrina
-¡Cómo corren los postes telegráficos!-
yo de niño, al viajar en tren, decía,
como decía luego, cuando joven:
-¡cómo pasan los días!
Hoy veo que los días no se mueven
ni los postes tampoco. ¡Y adivina
mi mente con dolor, con amargura,
que era entonces el tren el que corría
y que, en lugar del tiempo, la que corre
rápida, es nuestra vida!
LA ORACIÓN DE LA ESPOSA
Ante una imagen sagrada,
con el corazón ansiosa,
con el alma desgarrada,
por la salud de su esposo
ruega triste una casada.
Y no su salud desea
por ser a su amor leal;
la quiere porque a la tal
el llanto la pone fea
y el luto le sienta mal.
yo de niño, al viajar en tren, decía,
como decía luego, cuando joven:
-¡cómo pasan los días!
Hoy veo que los días no se mueven
ni los postes tampoco. ¡Y adivina
mi mente con dolor, con amargura,
que era entonces el tren el que corría
y que, en lugar del tiempo, la que corre
rápida, es nuestra vida!
LA ORACIÓN DE LA ESPOSA
Ante una imagen sagrada,
con el corazón ansiosa,
con el alma desgarrada,
por la salud de su esposo
ruega triste una casada.
Y no su salud desea
por ser a su amor leal;
la quiere porque a la tal
el llanto la pone fea
y el luto le sienta mal.
miércoles, 31 de octubre de 2012
"Casos comunes" y "Lo que se dice y lo que se piensa", poemas de Bartrina. Seguimos con la extensa muestra
CASOS COMUNES
Juan envidia de Bruno la nobleza
y Bruno a Juan envidia la riqueza;
ambos envidian a Luis la calma,
y este envidia a los dos, con toda el alma,
honores y fortuna ¡qué simpleza!
Bruno con lo de Juan feliz sería,
Juan sería feliz con lo de Bruno;
lo de Luis a los dos contentaría
y a Luis feliz lo de los dos haría;
¡y con lo propio no es feliz ninguno!
Podemos deducir de esos extremos
que, de la vida atados en el potro,
felicidad es lo que no tenemos.
Tal vez mejor diremos:
felicidad es lo que tiene el otro.
LO QUE SE DICE Y LO QUE SE PIENSA
-Conque ¿te han dado un destino?,
¡lo mereces! (por pollino).
-Yo, no (tu envidia declaras).
-¡Me alegro! (¡así reventaras!).
---
-¿Y mis versos?
-A luz dalos,
están de poesía llenos.
-¡Son muy malos! (son muy buenos).
-¡Son muy buenos! (son muy malos).
-Tu opinión en mucho aprecio.
-Yo te los corrijo pronto.
-¡Ah!, mil gracias (es un tonto).
-¡Hombre!, al contrario (es un necio).
---
-Tú siempre hermosa, Enriqueta
(¡qué necia y que fastidiosa!).
-Y tú, Julia, siempre hermosa
(¡qué pesada y qué coqueta!).
---
-¿Me amas?
-¿Yo?, ¡más que a mi vida!,
¿y tú?
-¡Que si te amo yo!...
¿Me olvidarás nunca?
-¿cómo olvidarte, querida?
(y mi Julia que me espera).
(-Y mi Juan que ha de venir.)
-Sin ti no puedo vivir.
-Yo, sin ti, mi amor, muriera.
(¿Cómo echarle?)
(-¿Cómo irme?,
no quiero que Julia aguarde.)
-¿Tan pronto? (¿tan tarde?),
¿no tienes más que decirme?
-¡Ah!, sí; volveré muy pronto.
-¡Adiós! (la tonta, me ama...)
-¡Ay!, ¡adiós! (me adora, el tonto...)
Juan envidia de Bruno la nobleza
y Bruno a Juan envidia la riqueza;
ambos envidian a Luis la calma,
y este envidia a los dos, con toda el alma,
honores y fortuna ¡qué simpleza!
Bruno con lo de Juan feliz sería,
Juan sería feliz con lo de Bruno;
lo de Luis a los dos contentaría
y a Luis feliz lo de los dos haría;
¡y con lo propio no es feliz ninguno!
Podemos deducir de esos extremos
que, de la vida atados en el potro,
felicidad es lo que no tenemos.
Tal vez mejor diremos:
felicidad es lo que tiene el otro.
LO QUE SE DICE Y LO QUE SE PIENSA
-Conque ¿te han dado un destino?,
¡lo mereces! (por pollino).
-Yo, no (tu envidia declaras).
-¡Me alegro! (¡así reventaras!).
---
-¿Y mis versos?
-A luz dalos,
están de poesía llenos.
-¡Son muy malos! (son muy buenos).
-¡Son muy buenos! (son muy malos).
-Tu opinión en mucho aprecio.
-Yo te los corrijo pronto.
-¡Ah!, mil gracias (es un tonto).
-¡Hombre!, al contrario (es un necio).
---
-Tú siempre hermosa, Enriqueta
(¡qué necia y que fastidiosa!).
-Y tú, Julia, siempre hermosa
(¡qué pesada y qué coqueta!).
---
-¿Me amas?
-¿Yo?, ¡más que a mi vida!,
¿y tú?
-¡Que si te amo yo!...
¿Me olvidarás nunca?
-¿cómo olvidarte, querida?
(y mi Julia que me espera).
(-Y mi Juan que ha de venir.)
-Sin ti no puedo vivir.
-Yo, sin ti, mi amor, muriera.
(¿Cómo echarle?)
(-¿Cómo irme?,
no quiero que Julia aguarde.)
-¿Tan pronto? (¿tan tarde?),
¿no tienes más que decirme?
-¡Ah!, sí; volveré muy pronto.
-¡Adiós! (la tonta, me ama...)
-¡Ay!, ¡adiós! (me adora, el tonto...)
miércoles, 24 de octubre de 2012
"Lógica extraña", poema de Joaquín María Bartrina
LÓGICA EXTRAÑA
-Todo, todo en el mundo
crece cuarenta metros por segundo.
Esto decía un loco a cierto sabio
que visitaba un día el manicomio,
y al oír inferir tan rudo agravio
al sentido común, con vehemente
celo, digno de encomio,
quiso pulverizar rápidamente
a afirmación absurda del demente.
...Inútilmente, en vano busco el modo:
cortole el paso esta verdad probada:
-"A crecer cuanto ve nuestra mirada,
creciendo nuestros ojos, como todo,
no crecería a nuestros ojos nada".
Pensó que si el absurdo aconteciera,
creciendo todo en proporción debida,
eternamente igual la razón fuera
entre lo mensurable y la medida.
No encontró medio el sabio
de combatir del loco el desvarío,
y dijo al fin con balbuciente labio:
-Por más que me es sensible
tu afirmación extravagante y vana,
yo no puedo probar que es imposible...
¡Es limitada la razón humana!
¡Dios la hizo así!
-¡No hay Dios!
- ¡Cállate, impío!
¿Podrás probarme acaso
que Dios no existe?
-Y de que yo no pueda
probarlo ¿no resulta el mismo caso
de antes? ¿O quieres que a tu juicio ceda?
Hay Dios: corriente; concedido queda,
pues no puedo probar que Dios no existe;
pero te exijo -y la razón me asiste,
y así, en tu misma lógica me fundo-
que has de admitir el hecho extraordinario,
de que todo en el mundo
crece cuarenta metros por segundo,
pues no puedes probarme lo contrario.
-Todo, todo en el mundo
crece cuarenta metros por segundo.
Esto decía un loco a cierto sabio
que visitaba un día el manicomio,
y al oír inferir tan rudo agravio
al sentido común, con vehemente
celo, digno de encomio,
quiso pulverizar rápidamente
a afirmación absurda del demente.
...Inútilmente, en vano busco el modo:
cortole el paso esta verdad probada:
-"A crecer cuanto ve nuestra mirada,
creciendo nuestros ojos, como todo,
no crecería a nuestros ojos nada".
Pensó que si el absurdo aconteciera,
creciendo todo en proporción debida,
eternamente igual la razón fuera
entre lo mensurable y la medida.
No encontró medio el sabio
de combatir del loco el desvarío,
y dijo al fin con balbuciente labio:
-Por más que me es sensible
tu afirmación extravagante y vana,
yo no puedo probar que es imposible...
¡Es limitada la razón humana!
¡Dios la hizo así!
-¡No hay Dios!
- ¡Cállate, impío!
¿Podrás probarme acaso
que Dios no existe?
-Y de que yo no pueda
probarlo ¿no resulta el mismo caso
de antes? ¿O quieres que a tu juicio ceda?
Hay Dios: corriente; concedido queda,
pues no puedo probar que Dios no existe;
pero te exijo -y la razón me asiste,
y así, en tu misma lógica me fundo-
que has de admitir el hecho extraordinario,
de que todo en el mundo
crece cuarenta metros por segundo,
pues no puedes probarme lo contrario.
miércoles, 17 de octubre de 2012
Poema "Íntimas" de Bartrina (2, y fin)
Íntimas [selección]
El ansia de saber, ansia infinita
en que siempre mi espíritu se agita,
no hallara paz, sastisfacción ni calma,
aunque supiera el para qué del mundo,
las leyes de la física del alma,
el origen fatal de la existencia...,
cuanto no sabe ni sabrá la ciencia.
El ansia de gozar que me devora
no quedara tampoco satisfecha,
si al fin llegara la anhelada hora
de contemplar, sentada en mis rodillas,
la mujer ideal que yo he soñado,
de pálidas mejillas
y de mirar sensual y apasionado,
de pechos mal cubiertos por el traje
que en dureza y color mármol parecen
que no ceden al peso del ropaje
y a la presión de un beso se estremecen,
llena de amor, de fe, de poesía...
la que busca y no encuentra el alma mía.
Anhelo ciencia y goce,
goce y ciencia imposibles, si me afano
buscándolos, mi espíritu conoce
que fatalmente habrá de ser en vano.
Si alguna vez alcanzo lo que ansío
y ávida al fin lo estrecha ya mi mano,
a la palabra mágica de "¡es mío!",
la posesión transfórmase en hastío.
___
Para matar la inocencia,
para envenenar la dicha,
es un gran puñal la pluma
y un gran veneno la tinta.
___
Graba bien esta máxima en tu mente,
consuelo del mortal atribulado:
"No hay bien como el ajeno y el pasado,
y no hay mal como el propio y el presente".
___
Si no hay alma, ni hay Dios, ni hay otra vida
después de la terrena,
¿por qué, para qué, quién a este terrible
suplicio de la vida nos condena?
¿Por qué esta aspiración al infinito
que dentro de mí siento,
no puedo dominar, y encuentro en ella
a la par mi esperanza y mi tomento?
El latir de mi pecho fatigado
¿es tal vez el ruido
del batir de las alas de una ave
que se ensaya a volar dentro su nido?
El ansia de saber, ansia infinita
en que siempre mi espíritu se agita,
no hallara paz, sastisfacción ni calma,
aunque supiera el para qué del mundo,
las leyes de la física del alma,
el origen fatal de la existencia...,
cuanto no sabe ni sabrá la ciencia.
El ansia de gozar que me devora
no quedara tampoco satisfecha,
si al fin llegara la anhelada hora
de contemplar, sentada en mis rodillas,
la mujer ideal que yo he soñado,
de pálidas mejillas
y de mirar sensual y apasionado,
de pechos mal cubiertos por el traje
que en dureza y color mármol parecen
que no ceden al peso del ropaje
y a la presión de un beso se estremecen,
llena de amor, de fe, de poesía...
la que busca y no encuentra el alma mía.
Anhelo ciencia y goce,
goce y ciencia imposibles, si me afano
buscándolos, mi espíritu conoce
que fatalmente habrá de ser en vano.
Si alguna vez alcanzo lo que ansío
y ávida al fin lo estrecha ya mi mano,
a la palabra mágica de "¡es mío!",
la posesión transfórmase en hastío.
___
Para matar la inocencia,
para envenenar la dicha,
es un gran puñal la pluma
y un gran veneno la tinta.
___
Graba bien esta máxima en tu mente,
consuelo del mortal atribulado:
"No hay bien como el ajeno y el pasado,
y no hay mal como el propio y el presente".
___
Si no hay alma, ni hay Dios, ni hay otra vida
después de la terrena,
¿por qué, para qué, quién a este terrible
suplicio de la vida nos condena?
¿Por qué esta aspiración al infinito
que dentro de mí siento,
no puedo dominar, y encuentro en ella
a la par mi esperanza y mi tomento?
El latir de mi pecho fatigado
¿es tal vez el ruido
del batir de las alas de una ave
que se ensaya a volar dentro su nido?
miércoles, 10 de octubre de 2012
Más versos de Bartrina
Íntimas [selección]
Milloncito de mi alma,
mi amor escribir no sé,
papel y pluma me sobran;
solo lo escribiera bien
a ser la pluma mis labios
y tus labios el papel.
___
¿Por qué es menor el placer
que el deseo, en el amor?
Porque el fruto no ha de ser
tan bello como la flor.
___
A la luz de la pasión,
los seres que nos rodean
vemos, en torpe ficción,
como queremos que sean,
nunca tales como son.
___
¿Que por qué no te echo flores
después que me has dado un beso?...
Pues... por eso.
___
Que es una gran verdad veo,
aunque tarde se conoce,
que más aún que en el goce
está el goce en el deseo.
___
Si yo quisiera matar
a mi mayor enemigo,
me habría de suicidar.
Milloncito de mi alma,
mi amor escribir no sé,
papel y pluma me sobran;
solo lo escribiera bien
a ser la pluma mis labios
y tus labios el papel.
___
¿Por qué es menor el placer
que el deseo, en el amor?
Porque el fruto no ha de ser
tan bello como la flor.
___
A la luz de la pasión,
los seres que nos rodean
vemos, en torpe ficción,
como queremos que sean,
nunca tales como son.
___
¿Que por qué no te echo flores
después que me has dado un beso?...
Pues... por eso.
___
Que es una gran verdad veo,
aunque tarde se conoce,
que más aún que en el goce
está el goce en el deseo.
___
Si yo quisiera matar
a mi mayor enemigo,
me habría de suicidar.
miércoles, 3 de octubre de 2012
Bartrina y yo
Milloncito de mi alma,
mi amor escribir no sé,
papel y pluma me sobran;
solo lo escribiera bien
a ser la pluma mis labios
y tus labios el papel.
Joaquín María Bartrina, poema parte de "Íntimas".
Cada verso que por ti escribo
es un beso que te roba el papel.
Cada suspiro que por ti respiro
es un beso que te roba el aire.
Cada vez que en mi soledad te nombro
me duelen los besos que no puedo darte.
Antiguo poema, del principio de los tiempos, de Jesús Malia.
mi amor escribir no sé,
papel y pluma me sobran;
solo lo escribiera bien
a ser la pluma mis labios
y tus labios el papel.
Joaquín María Bartrina, poema parte de "Íntimas".
Cada verso que por ti escribo
es un beso que te roba el papel.
Cada suspiro que por ti respiro
es un beso que te roba el aire.
Cada vez que en mi soledad te nombro
me duelen los besos que no puedo darte.
Antiguo poema, del principio de los tiempos, de Jesús Malia.
miércoles, 26 de septiembre de 2012
"Amaranta" y "Silogismo", poemas de Bartrina
En el primero que os ofrezco. Grande Bartrina (1850-1880).
AMARANTA
Amaranta, más de cien
amarán tus mil encantos;
amar debes, y entre tantos
ama y da fe tú también
a quienes das más quebrantos;
a los que sufran por ti
ama; debe tu belleza
amar a aquellos que así
amarán con frenesí
Amaranta, tu nobleza.
SILOGISMO
Si al ser feliz creo serlo,
sufro en mi dichoso estado,
porque me hace desgraciado
solo el miedo de perderlo,
y si estoy bien sin saberlo,
pues no lo sé, no lo estoy.
Así,mañana como hoy,
ser feliz nunca podré,
pues si lo soy, no lo sé...
si lo sé..., ya no lo soy.
AMARANTA
Amaranta, más de cien
amarán tus mil encantos;
amar debes, y entre tantos
ama y da fe tú también
a quienes das más quebrantos;
a los que sufran por ti
ama; debe tu belleza
amar a aquellos que así
amarán con frenesí
Amaranta, tu nobleza.
SILOGISMO
Si al ser feliz creo serlo,
sufro en mi dichoso estado,
porque me hace desgraciado
solo el miedo de perderlo,
y si estoy bien sin saberlo,
pues no lo sé, no lo estoy.
Así,mañana como hoy,
ser feliz nunca podré,
pues si lo soy, no lo sé...
si lo sé..., ya no lo soy.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)