En el día más alto
1
El año va bajando escaleras que conducen al mar.
Noviembre da un manotazo helado sobre mi carne.
Sobreviviente del día que pasa como una tormenta,
aparezco entre las maldiciones
y desgracias de un pueblo que no tiene paz.
Aparejado con el día
que levanta su cabeza por entre botes de naranjas podridas,
el rostro de la soledad, arde;
y yo,
envuelto en trapos aparentemente limpios, ¡quisiera vivir mil años...!
2
Otra vez como entonces, como ayer,
¡no sé qué hacer, qué decir, qué contestar!
Me viene un ansia de trastornar las cosas.
Las cuatro esquinas me agarran por los hombros.
Los cuatro vientos me sostienen los pasos.
¿Quién arranca este verso que no tiene sonido,
que no tiene huesos clásicos en su pecho?
¿Quién se inclina ante la alegría como un esclavo?
La razón del papel es ser ceniza.
No hay más remedio para el hambre que el pan.
Ni más sol, este que se pudre en los rincones de la tierra.
Ni más esperanza que la voluntad mía, hasta que muera.
4
Amanece despacio: con el frío adentro, golpeando.
El nuevo día relumbra entre tanques de gas.
El que antecede a este, ¿en dónde estaba?
¿En el rincón de una hora sostenida por paredes inmóviles?
¿Qué gesto, madre mía, fue el primero marcó para siempre mi rostro?
No me reconozco escribiendo estas cosas.
Yo sé que soy otro,
que a mi estandarte no llega la miseria de lo fácil,
la calumnia de lo oscuro:
que mi palabra pesa lo que pesa mi sangre.
Yo sé que a mi lado, en las ciudades, lejos, en los campos,
hay, ¿cómo decirlo?,
un ansia de que el cielo sea humano,
que el día infiel se desplome como una casa destruida.
¡Actualidad! Tan fugaz/ En su cogollo y su miga,/ Regala a mi lentitud/ El sumo sabor a vida. Jorge Guillén
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jueves, 10 de febrero de 2011
jueves, 3 de febrero de 2011
Selección de versos del 'Trabajo ilegal' de Óscar Oliva
Ahogo en un vaso de agua
De la ceguera vengo,
arcaico,
inarmónico,
inagotable por las cuestas del ajo,
alegre,
medio borracho,
bullente de grifos y géyseres,
dando la impresión de un cometa desgarbado.
Me descuelgo del perejil
por un bejuco de luciérnagas:
quedo a la altura de los topos,
embarrado de luciérnagas.
Bajo por la punta de un alfiler.
Soy el primer eslabón o punto de un círculo,
clamo adentro de ese círculo,
trato de romperlo,
con un gesto,
con los dientes.
Pero es inútil. Me ahogo.
Hay que comenzar de nuevo, hasta la desesperación:
de la ceguera vengo, voy a la ceguera,
dando la impresión de un hacha jorobada...
Sin paz me acuesto
Sin paz me acuesto,
sin paz me levanto.
No hay sosiego,
¿en dónde está el pan
y en dónde está el vino?
Cuando me miro,
creo que soy alegre
como esos días alegres cuando llueve.
Pero viene la dicha como un río
y no permanece más.
Y no pertenece más a mi cuerpo.
Y se hace recuerdo.
Y parece que se tratara de un amigo lejano.
De la ceguera vengo,
arcaico,
inarmónico,
inagotable por las cuestas del ajo,
alegre,
medio borracho,
bullente de grifos y géyseres,
dando la impresión de un cometa desgarbado.
Me descuelgo del perejil
por un bejuco de luciérnagas:
quedo a la altura de los topos,
embarrado de luciérnagas.
Bajo por la punta de un alfiler.
Soy el primer eslabón o punto de un círculo,
clamo adentro de ese círculo,
trato de romperlo,
con un gesto,
con los dientes.
Pero es inútil. Me ahogo.
Hay que comenzar de nuevo, hasta la desesperación:
de la ceguera vengo, voy a la ceguera,
dando la impresión de un hacha jorobada...
Sin paz me acuesto
Sin paz me acuesto,
sin paz me levanto.
No hay sosiego,
¿en dónde está el pan
y en dónde está el vino?
Cuando me miro,
creo que soy alegre
como esos días alegres cuando llueve.
Pero viene la dicha como un río
y no permanece más.
Y no pertenece más a mi cuerpo.
Y se hace recuerdo.
Y parece que se tratara de un amigo lejano.
jueves, 27 de enero de 2011
Selección de poemas de Óscar Oliva en su 'Trabajo ilegal'
Contradicciones
Los nombres se oponen a las cosas que nombran,
a sus entrañas, a la urgencia que en el aire
o en la tierra rechazan el viaje estelar o interior.
Es cuando se convierten en antinombres
y la silla es un volcán
un cuaderno una memoria aplastada
el día desencadenado desbarranca sus caballos
en la sal de la claridad
que no logra caer
en ninguna parte.
Las cosas y sus nombres deben ser inauguradas de nuevo.
Sólo el hombre puede decir en qué momento y cuándo.
Porque hay palabras que no tienen cabeza ni piernas,
llegan arrastrándose hasta las entrañas del hombre,
para morderlo y hacerlo hablar.
A éstas hay que encontrarlas para entrar en ellas y golpearlas.
Para ser golpeado por ellas y seguir golpeándonos bajo tierra.
Son palabras que el hombre no logrará hacer caer
en ninguna parte
pero las utilizará para desnombrar la tierra
o abrirla o cerrarla antes que nada.
Antedía
Hablo desde un país sin nombre,
hablo desde un país que no me pertenece,
hablo desde su historia maltratada,
hablo con los clavos de sus ríos,
hablo desde un país que se desmorona.
Hablo sin país, hablo sin nombre,
hablo con el futuro a mi espalda,
hablo con un viento que azota mi lengua,
hablo con el golpe de un pico
golpeando mi historia personal
y la historia de mi país
para continuar hablando desde abajo
con la boca pegada en sus paredes
y en esas paredes escribir su nombre
y mi nombre.
Fin presente
Está en lo que comemos y bebemos,
en los trabajos que nos dan de comer y beber,
en los alimentos en los que no nos reconocemos
y en la ineptitud con la que nos destrozamos
las manos
a la hora del hambre para poder tomar asiento
y comenzar de nuevo con lo que está en la mesa,
para que no lo comamos y bebamos.
Está en lo que nos atrevamos a tirar de la mesa.
Los nombres se oponen a las cosas que nombran,
a sus entrañas, a la urgencia que en el aire
o en la tierra rechazan el viaje estelar o interior.
Es cuando se convierten en antinombres
y la silla es un volcán
un cuaderno una memoria aplastada
el día desencadenado desbarranca sus caballos
en la sal de la claridad
que no logra caer
en ninguna parte.
Las cosas y sus nombres deben ser inauguradas de nuevo.
Sólo el hombre puede decir en qué momento y cuándo.
Porque hay palabras que no tienen cabeza ni piernas,
llegan arrastrándose hasta las entrañas del hombre,
para morderlo y hacerlo hablar.
A éstas hay que encontrarlas para entrar en ellas y golpearlas.
Para ser golpeado por ellas y seguir golpeándonos bajo tierra.
Son palabras que el hombre no logrará hacer caer
en ninguna parte
pero las utilizará para desnombrar la tierra
o abrirla o cerrarla antes que nada.
Antedía
Hablo desde un país sin nombre,
hablo desde un país que no me pertenece,
hablo desde su historia maltratada,
hablo con los clavos de sus ríos,
hablo desde un país que se desmorona.
Hablo sin país, hablo sin nombre,
hablo con el futuro a mi espalda,
hablo con un viento que azota mi lengua,
hablo con el golpe de un pico
golpeando mi historia personal
y la historia de mi país
para continuar hablando desde abajo
con la boca pegada en sus paredes
y en esas paredes escribir su nombre
y mi nombre.
Fin presente
Está en lo que comemos y bebemos,
en los trabajos que nos dan de comer y beber,
en los alimentos en los que no nos reconocemos
y en la ineptitud con la que nos destrozamos
las manos
a la hora del hambre para poder tomar asiento
y comenzar de nuevo con lo que está en la mesa,
para que no lo comamos y bebamos.
Está en lo que nos atrevamos a tirar de la mesa.
jueves, 20 de enero de 2011
Selección de poemas de Óscar Oliva en su 'Trabajo ilegal'
Plenitud
Los nombres alcanzan la estatura de las cosas
cuando se queman y se destruyen en el interior de la palabras,
cuando lo escrito ha alcanzado su estatura plena.
Puede nombrarse lo conocido, lo que aún está por conocerse,
lo que está debajo de los zapatos, del final de una letra,
lo que está haciendo que una piel viva y se estremezca,
porque los nombres cambian cuando se da un paso
y se camina hacia otro día que ha cambiado el espectáculo
y a veces en ese proceso el hombre ha arrancado otro nombre
y nombra de otra manera la piel que se ha arrancado
y también lo que nunca conocerá, de un golpe.
Sin nombre
Los días pasados están entre nosotros,
son parte de nuestro cuerpo y casa,
de los muebles que hemos usado y quemado,
que jamás volveremos a ocupar.
Tu voz reposa en mis cabellos 1avados
y mi voz te exalta en la historia actual,
en los días que se marcharon en el camión
de mudanza, en nuestros cuerpos atropellados.
La historia de esos días está en mis manos
que te piensan para ayudarte a desnudar
ante la impaciencia de los muebles presentes
y de mi voz en tu voz como en un pozo.
La historia que hemos usado para hablar de la muerte.
Nombre de voces
Nuestras voces se encuentran como nuestros cuerpos
hundiéndose en la claridad donde nada podemos ver
pero que al sentir estamos viendo y oyendo todo
pegados a esa oscuridad que hablamos para no decir nada.
Los nombres alcanzan la estatura de las cosas
cuando se queman y se destruyen en el interior de la palabras,
cuando lo escrito ha alcanzado su estatura plena.
Puede nombrarse lo conocido, lo que aún está por conocerse,
lo que está debajo de los zapatos, del final de una letra,
lo que está haciendo que una piel viva y se estremezca,
porque los nombres cambian cuando se da un paso
y se camina hacia otro día que ha cambiado el espectáculo
y a veces en ese proceso el hombre ha arrancado otro nombre
y nombra de otra manera la piel que se ha arrancado
y también lo que nunca conocerá, de un golpe.
Sin nombre
Los días pasados están entre nosotros,
son parte de nuestro cuerpo y casa,
de los muebles que hemos usado y quemado,
que jamás volveremos a ocupar.
Tu voz reposa en mis cabellos 1avados
y mi voz te exalta en la historia actual,
en los días que se marcharon en el camión
de mudanza, en nuestros cuerpos atropellados.
La historia de esos días está en mis manos
que te piensan para ayudarte a desnudar
ante la impaciencia de los muebles presentes
y de mi voz en tu voz como en un pozo.
La historia que hemos usado para hablar de la muerte.
Nombre de voces
Nuestras voces se encuentran como nuestros cuerpos
hundiéndose en la claridad donde nada podemos ver
pero que al sentir estamos viendo y oyendo todo
pegados a esa oscuridad que hablamos para no decir nada.
jueves, 13 de enero de 2011
Selección de poemas de Óscar Oliva en su 'Trabajo ilegal'
Puentes
Alguien puso en la palma de las manos del hombre líneas que se entrecruzan, que corren unas debajo de otras, que vienen de distintas partes del cuerpo, que van hacia los ojos de una quiromántica como puentes que pasan sobre tumbas. Tengo la impresión mirando las mías que pueden ser un mapa que ese alguien nos hubiera dejado como parte de un enigma, para que en él pudiéramos ir descifrando los caminos del universo, y para que un día los recorramos. Tal vez en algún punto de nuestro destino encontraremos a ese alguien que será un hombre como nosotros tratando de interpretar las líneas de sus propias manos. Por lo pronto las líneas de mis manos son más parecidas a esos caminos que hay en la tierra, y a esas manos que aprietan el universo hasta sofocarlo. Mis manos juntas son el libro que escribo. Alguien lo lee por encima de mi hombro.
La bailarina
a Tania
1
El amor no concluye en un hombre
Ni en una mujer
En cada nuevo rostro que sorprendemos agitado
En cada movimiento de las manos que nos ofrecen
La total delicadeza de sus venas
El impulsado lirio del amor
Como un agua limada surge a nuestros ojos
Para que nuestros recios sueños se cumplan
Para que nuestros legítimos herederos
Dueños ya de su erguida estirpe
Mueran de humano dolor
Y no desangrándose en la hierba
Como bestias cegadas
Canto empinado
No quiero ofrecer a nadie palabras de paja.
No quiero ofrecer a nadie palabras de trapo.
Mi propósito es dar palabras que contengan parte del tiempo
que piso y del espacio donde el proceso continúa de sol a sol.
No quiero para mí lo indecible o lo imperceptible,
quiero a un hombre arrancando palabras a las palabras,
segando el polen que traen las patas de la lluvia,
gritando en el éxtasis que se abre en un cielo de carne.
Mi propósito es dejar la carga de mis palabras en las palabras
de otro hombre.
Para que en ese momento nazca un hombre que será el tercero entre yo y el otro.
Y así llegar a las palabras de los demás.
No quiero ofrecer a nadie palabras de nada.
Alguien puso en la palma de las manos del hombre líneas que se entrecruzan, que corren unas debajo de otras, que vienen de distintas partes del cuerpo, que van hacia los ojos de una quiromántica como puentes que pasan sobre tumbas. Tengo la impresión mirando las mías que pueden ser un mapa que ese alguien nos hubiera dejado como parte de un enigma, para que en él pudiéramos ir descifrando los caminos del universo, y para que un día los recorramos. Tal vez en algún punto de nuestro destino encontraremos a ese alguien que será un hombre como nosotros tratando de interpretar las líneas de sus propias manos. Por lo pronto las líneas de mis manos son más parecidas a esos caminos que hay en la tierra, y a esas manos que aprietan el universo hasta sofocarlo. Mis manos juntas son el libro que escribo. Alguien lo lee por encima de mi hombro.
La bailarina
a Tania
1
El amor no concluye en un hombre
Ni en una mujer
En cada nuevo rostro que sorprendemos agitado
En cada movimiento de las manos que nos ofrecen
La total delicadeza de sus venas
El impulsado lirio del amor
Como un agua limada surge a nuestros ojos
Para que nuestros recios sueños se cumplan
Para que nuestros legítimos herederos
Dueños ya de su erguida estirpe
Mueran de humano dolor
Y no desangrándose en la hierba
Como bestias cegadas
Canto empinado
No quiero ofrecer a nadie palabras de paja.
No quiero ofrecer a nadie palabras de trapo.
Mi propósito es dar palabras que contengan parte del tiempo
que piso y del espacio donde el proceso continúa de sol a sol.
No quiero para mí lo indecible o lo imperceptible,
quiero a un hombre arrancando palabras a las palabras,
segando el polen que traen las patas de la lluvia,
gritando en el éxtasis que se abre en un cielo de carne.
Mi propósito es dejar la carga de mis palabras en las palabras
de otro hombre.
Para que en ese momento nazca un hombre que será el tercero entre yo y el otro.
Y así llegar a las palabras de los demás.
No quiero ofrecer a nadie palabras de nada.
jueves, 2 de diciembre de 2010
Selección de 'Trabajo ilegal' de Óscar Oliva
Puentes
Alguien puso en la palma de las manos del hombre líneas que
se entrecruzan, que corren unas debajo de otras, que vienen de
distintas partes del cuerpo, que van hacia los ojos de una
quiromántica como puentes que pasan sobre tumbas. Tengo la
impresión mirando las mías que pueden ser un mapa que ese
alguien nos hubiera dejado como parte de un enigma, para que
en él pudiéramos ir descifrando los caminos del universo, y
para que un día los recorramos. Tal vez en algún punto de
nuestro destino encontraremos a ese alguien que será un
hombre como nosotros tratando de interpretar las líneas de sus
propias manos. Por lo pronto las líneas de mis manos son más
parecidas a esos caminos que hay en la tierra, y a esas manos
que aprietan el universo hasta sofocarlo. Mis manos juntas son
el libro que escribo. Alguien lo lee por encima de mi hombro.
Memorial de las ruinas
De tantas vida que tuve,
que tengo,
varias habría que dejar vivir,
varias que dejar morir;
no recoger ninguna cuando se mira por encima del pie,
y de todas juntas habría que hacer un atado
para mirar hacia el baño de tumba,
encontrar que la puerta aún se encuentra cerrada.
De tantos sueños que tuve,
que tengo,
hay uno que habría que repetir,
el más secreto,
del que nunca me he acordado,
del que no quedó nada,
que soñaré anteayer sin darme cuenta de que lo he repetido.
De tantas palabras que he escrito,
habría que sacudirse las manos,
soplar en todas las arrugas,
volver a escribir sobre ellas.
Con las palabras que no he escrito,
que están debajo de mis uñas,
de mis párpados,
que se agitan como un hormiguero en las yemas de mis dedos,
lo mejor sería esperar ese golpe de la frente contra la puerta.
Para estar seguros que no se abre.
Porque si se abriera se nos caerían todas las estatuas.
Alguien puso en la palma de las manos del hombre líneas que
se entrecruzan, que corren unas debajo de otras, que vienen de
distintas partes del cuerpo, que van hacia los ojos de una
quiromántica como puentes que pasan sobre tumbas. Tengo la
impresión mirando las mías que pueden ser un mapa que ese
alguien nos hubiera dejado como parte de un enigma, para que
en él pudiéramos ir descifrando los caminos del universo, y
para que un día los recorramos. Tal vez en algún punto de
nuestro destino encontraremos a ese alguien que será un
hombre como nosotros tratando de interpretar las líneas de sus
propias manos. Por lo pronto las líneas de mis manos son más
parecidas a esos caminos que hay en la tierra, y a esas manos
que aprietan el universo hasta sofocarlo. Mis manos juntas son
el libro que escribo. Alguien lo lee por encima de mi hombro.
Memorial de las ruinas
a Marco Antonio Sánchez Daza
De tantas vida que tuve,
que tengo,
varias habría que dejar vivir,
varias que dejar morir;
no recoger ninguna cuando se mira por encima del pie,
y de todas juntas habría que hacer un atado
para mirar hacia el baño de tumba,
encontrar que la puerta aún se encuentra cerrada.
De tantos sueños que tuve,
que tengo,
hay uno que habría que repetir,
el más secreto,
del que nunca me he acordado,
del que no quedó nada,
que soñaré anteayer sin darme cuenta de que lo he repetido.
De tantas palabras que he escrito,
habría que sacudirse las manos,
soplar en todas las arrugas,
volver a escribir sobre ellas.
Con las palabras que no he escrito,
que están debajo de mis uñas,
de mis párpados,
que se agitan como un hormiguero en las yemas de mis dedos,
lo mejor sería esperar ese golpe de la frente contra la puerta.
Para estar seguros que no se abre.
Porque si se abriera se nos caerían todas las estatuas.
jueves, 25 de noviembre de 2010
Selección de 'Trabajo ilegal' de Óscar Oliva
Habitada claridad
A tu lado
Cuando arrecia la lluvia detrás de las paredes
Escucho el débil paso de un pequeño animal que se esconde
Tú y yo
Sorprendidos de hallarnos desnudos
Boca a boca
Así como la lluvia se aproxima lentamente a su fuerza
Me incorporo
Mis sentidos son hélices que empiezan a girar
Te acechan desde un matorral
Con delicada soledad empiezo a amarte
A gozar de mis dedos en tu espalda
Lo más hermoso
Son las huellas de mis dientes
Que te alegran y fustigan
Tiembla la sed en mi lengua que llega hasta tu suave roca
Eres lo que está más próximo a mi pecho
Altos océanos nos fatigan
La noche gira en nuestro impulso
Asustada piedra que se abre a mi brazo
Como a una enemiga te atormento
Te impulso como a una vara
Luego el jadeo cabeceando en la lluvia
Quiere dejar su idea clavada en el cráneo de un ave
Amanece
Cuerpo de tiempo
5
¿Qué labran los muertos bajo tierra? La respuesta está en las
voces que suben por los troncos y escupen nubes.
Acontecimiento de flor subterránea. Las nubes saben que algo
ha venido a sacudir al mundo. Y llueve.
7
Consumirse encendiéndose, es el proceso. Voces de agua oscura
corriendo. Mano sobando el agua que volverá a correr frente a
mi casa cuando retire la mano. Arqueada como la espalda de
un hombre descifrando la claridad, la sílaba entre la vida y la
muerte. Veo a mi casa en la Vía Láctea, escucho ruidos,
mensajes de otros planetas. Pasa un Ovni. Trago una estrella
para ver en el agua.
9
La salutación del pájaro me ha dejado vacío. Ha llenado mis
sentidos con sus despojos. Entonces siento que el vacío es la
profundidad para mis sentidos, Y que ahora somos no el vacío
sino la profundidad de los despojos.
14
Mis sentidos no son más que la imitación del pájaro cuando en
lo más alto del sentimiento desborda su idea del mundo.
Escucho al pájaro que silba en lo más alto de un sauce, y me
asombran sus sentidos desbordados no en el silbo, sino en una
idea. En la idea de que el mundo no está para la imitación,
sino para ser desbordado.
15
Pienso en lo que todavía no ha llegado, miro hacia adelante y
lo que ya pasó y lo que vivo es lo que no ha llegado. Lo que
ya llegó está en esa marea destructora, que arrasa lo que ya
pasó y lo que vivo. Cada golpe llega a nuestro tiempo
conducido por esa marea.
17
Las rosas contempladas, son ciertas en cuanto pensamiento.
Resisten la realidad. Porque en el proceso de su nacimiento
alguien abjuró de ellas, y reclamó el futuro. Reales en el
proceso del pensamiento, pueden dejar de ser contempladas.
Sólo son reales cuando abjuro de ellas. Cuando reclamo el
futuro es que están llenas de mí mismo.
¿En qué estaba pensando?
A tu lado
Cuando arrecia la lluvia detrás de las paredes
Escucho el débil paso de un pequeño animal que se esconde
Tú y yo
Sorprendidos de hallarnos desnudos
Boca a boca
Así como la lluvia se aproxima lentamente a su fuerza
Me incorporo
Mis sentidos son hélices que empiezan a girar
Te acechan desde un matorral
Con delicada soledad empiezo a amarte
A gozar de mis dedos en tu espalda
Lo más hermoso
Son las huellas de mis dientes
Que te alegran y fustigan
Tiembla la sed en mi lengua que llega hasta tu suave roca
Eres lo que está más próximo a mi pecho
Altos océanos nos fatigan
La noche gira en nuestro impulso
Asustada piedra que se abre a mi brazo
Como a una enemiga te atormento
Te impulso como a una vara
Luego el jadeo cabeceando en la lluvia
Quiere dejar su idea clavada en el cráneo de un ave
Amanece
Cuerpo de tiempo
a Mercedes Tovar
5
¿Qué labran los muertos bajo tierra? La respuesta está en las
voces que suben por los troncos y escupen nubes.
Acontecimiento de flor subterránea. Las nubes saben que algo
ha venido a sacudir al mundo. Y llueve.
7
Consumirse encendiéndose, es el proceso. Voces de agua oscura
corriendo. Mano sobando el agua que volverá a correr frente a
mi casa cuando retire la mano. Arqueada como la espalda de
un hombre descifrando la claridad, la sílaba entre la vida y la
muerte. Veo a mi casa en la Vía Láctea, escucho ruidos,
mensajes de otros planetas. Pasa un Ovni. Trago una estrella
para ver en el agua.
9
La salutación del pájaro me ha dejado vacío. Ha llenado mis
sentidos con sus despojos. Entonces siento que el vacío es la
profundidad para mis sentidos, Y que ahora somos no el vacío
sino la profundidad de los despojos.
14
Mis sentidos no son más que la imitación del pájaro cuando en
lo más alto del sentimiento desborda su idea del mundo.
Escucho al pájaro que silba en lo más alto de un sauce, y me
asombran sus sentidos desbordados no en el silbo, sino en una
idea. En la idea de que el mundo no está para la imitación,
sino para ser desbordado.
15
Pienso en lo que todavía no ha llegado, miro hacia adelante y
lo que ya pasó y lo que vivo es lo que no ha llegado. Lo que
ya llegó está en esa marea destructora, que arrasa lo que ya
pasó y lo que vivo. Cada golpe llega a nuestro tiempo
conducido por esa marea.
17
Las rosas contempladas, son ciertas en cuanto pensamiento.
Resisten la realidad. Porque en el proceso de su nacimiento
alguien abjuró de ellas, y reclamó el futuro. Reales en el
proceso del pensamiento, pueden dejar de ser contempladas.
Sólo son reales cuando abjuro de ellas. Cuando reclamo el
futuro es que están llenas de mí mismo.
¿En qué estaba pensando?
jueves, 18 de noviembre de 2010
Selección de 'Trabajo ilegal' de Óscar Oliva, con matemáticas
Fin de fiesta
Unos fotones que atravesaron más de 1000 millones
de kilómetros de espacio. . .
llegaron a la Tierra el 16 de octubre de 1982,
trayendo consigo un mensaje largamente esperado.
Estas partículas de energía radiante,
proveniente de la luz solar reflejada por un trozo errabundo
de hielo sucio,
dejaron una débil impresión de 200 pulgadas en Monte Palomar.
Los astrónomos vieron el punto de luz,
reconocieron su significado: el cometa Halley volvería a estar
a la vista: está ahora más allá de la órbita de Saturno.
En 1910 mi padre lo vio.
Abarcaba todo el cielo de Tuxtla.
Me dice que la gente lo miraba maravillada y con temor.
Corrieron muchas historias.
A mi padre, montado en su caballo,
le bastaba alzar una mano para
sentir que era parte de ese misterio.
Más y más telescopios se sumarán a la vigilancia
conforme el cometa se vaya acercando y, a fines
de 1984, una flota de naves espaciales
entrará en acción para obtener una vista todavía mejor.
Cohetes de sonido, aviones de gran altura y globos
estarán listos para su despegue cuando el cometa Halley
esté más cerca de la Tierra y el Sol,
en el invierno y la primavera 1985-1986.
Mi padre quiere volver a verlo montado en su caballo,
tocarlo de nuevo en el cielo de Tuxtla.
Pero el cometa no brindará un espectáculo tan impresionante
como en 1910, porque estará
al otro lado del sol
cuando su cola alcance su máxima longitud
de 80 millones de kilómetros.
Me apoyo en mi padre.
Todo se nos cae encima.
Se abren las puertas de este fin de fiesta.
Unos fotones que atravesaron más de 1000 millones
de kilómetros de espacio. . .
llegaron a la Tierra el 16 de octubre de 1982,
trayendo consigo un mensaje largamente esperado.
Estas partículas de energía radiante,
proveniente de la luz solar reflejada por un trozo errabundo
de hielo sucio,
dejaron una débil impresión de 200 pulgadas en Monte Palomar.
Los astrónomos vieron el punto de luz,
reconocieron su significado: el cometa Halley volvería a estar
a la vista: está ahora más allá de la órbita de Saturno.
En 1910 mi padre lo vio.
Abarcaba todo el cielo de Tuxtla.
Me dice que la gente lo miraba maravillada y con temor.
Corrieron muchas historias.
A mi padre, montado en su caballo,
le bastaba alzar una mano para
sentir que era parte de ese misterio.
Más y más telescopios se sumarán a la vigilancia
conforme el cometa se vaya acercando y, a fines
de 1984, una flota de naves espaciales
entrará en acción para obtener una vista todavía mejor.
Cohetes de sonido, aviones de gran altura y globos
estarán listos para su despegue cuando el cometa Halley
esté más cerca de la Tierra y el Sol,
en el invierno y la primavera 1985-1986.
Mi padre quiere volver a verlo montado en su caballo,
tocarlo de nuevo en el cielo de Tuxtla.
Pero el cometa no brindará un espectáculo tan impresionante
como en 1910, porque estará
al otro lado del sol
cuando su cola alcance su máxima longitud
de 80 millones de kilómetros.
Me apoyo en mi padre.
Todo se nos cae encima.
Se abren las puertas de este fin de fiesta.
jueves, 11 de noviembre de 2010
Selección de 'Trabajo ilegal' de Óscar Oliva
Materia nombrada
1
Tu desnudez añade a mi desnudez el ala requerida.
Qué bien sabemos el vuelo donde el azul mana y corre.
Sin pensarlo mucho he dicho sueño y sin quererlo
he tenido conocimiento de que bajo el párpado
hay otra desnudez, por añadidura donde el sueño
comienza.
Encima pasan gentes, un jet, un relámpago a destiempo.
Pasa la carrera del verano.
Y pasamos nosotros a otro párpado.
3
Nuestras voces se encuentran
como nuestros cuerpos
hundiéndose en la claridad
donde nada podemos ver
pero que al sentir
estamos viendo,
oyendo todo
pegados a esa oscuridad
que hablamos para no decir nada.
13
Niegas lo que posees cada día. Afirmo lo que poseo cada día.
En esa frontera nos completamos. Toda lucha es una piedra
donde escribimos nuestros nombres y la arrojamos fuera de
nosotros; te tengo prisionera en la piedra que no he arrojado.
Relámpago del jardín, danza del pensamiento, alcoba de la
carne, alegría que huele a tu cuerpo. Tú te vuelves a mí, me
haces una seña. Saltamos la frontera y nos perdemos en un
país extraño.
16
Te nombro junto a mi nombre en esta realidad que nos
oprime. Antes de mí, vienes. Vienes por una calle inclinada y
quiero salir a tu encuentro, y cuando llego al sitio donde
esperaba abrazarte, una multitud está lanzando gritos; tú me
recibes con un grito, y yo grito. La realidad estalla. Nos
amamos a gritos.
Sacudiéndonos. Revolcándonos en los despojos de nosotros
mismos, hundiéndonos en el nombre que nos ahoga. Pero
regresamos a la cumbre, alzo las manos para tomar un poco de
turbulenta nube y untarte con ella tu desnudo cuerpo. Antes de
ti, vengo. Vengo por una calle empinada y tú me esperas al
final de ella con un grito, rodeada de una multitud
enronquecida que me da un nuevo nombre. Y yo no sabré más
de ti y tú me habrás olvidado en lo que buscabas. La realidad
nos junta.
Que bien sé yo la fonte que mana corre,
aunque es de noche.
San Juan de la Cruz
aunque es de noche.
San Juan de la Cruz
1
Tu desnudez añade a mi desnudez el ala requerida.
Qué bien sabemos el vuelo donde el azul mana y corre.
Sin pensarlo mucho he dicho sueño y sin quererlo
he tenido conocimiento de que bajo el párpado
hay otra desnudez, por añadidura donde el sueño
comienza.
Encima pasan gentes, un jet, un relámpago a destiempo.
Pasa la carrera del verano.
Y pasamos nosotros a otro párpado.
3
Nuestras voces se encuentran
como nuestros cuerpos
hundiéndose en la claridad
donde nada podemos ver
pero que al sentir
estamos viendo,
oyendo todo
pegados a esa oscuridad
que hablamos para no decir nada.
13
Niegas lo que posees cada día. Afirmo lo que poseo cada día.
En esa frontera nos completamos. Toda lucha es una piedra
donde escribimos nuestros nombres y la arrojamos fuera de
nosotros; te tengo prisionera en la piedra que no he arrojado.
Relámpago del jardín, danza del pensamiento, alcoba de la
carne, alegría que huele a tu cuerpo. Tú te vuelves a mí, me
haces una seña. Saltamos la frontera y nos perdemos en un
país extraño.
16
Te nombro junto a mi nombre en esta realidad que nos
oprime. Antes de mí, vienes. Vienes por una calle inclinada y
quiero salir a tu encuentro, y cuando llego al sitio donde
esperaba abrazarte, una multitud está lanzando gritos; tú me
recibes con un grito, y yo grito. La realidad estalla. Nos
amamos a gritos.
Sacudiéndonos. Revolcándonos en los despojos de nosotros
mismos, hundiéndonos en el nombre que nos ahoga. Pero
regresamos a la cumbre, alzo las manos para tomar un poco de
turbulenta nube y untarte con ella tu desnudo cuerpo. Antes de
ti, vengo. Vengo por una calle empinada y tú me esperas al
final de ella con un grito, rodeada de una multitud
enronquecida que me da un nuevo nombre. Y yo no sabré más
de ti y tú me habrás olvidado en lo que buscabas. La realidad
nos junta.
jueves, 4 de noviembre de 2010
Selección de 'Trabajo ilegal' de Óscar Oliva
Noticias del odio
Con el zumbido de la fiebre con medicamentos y nubes de los
labios a la tinta anoto sensaciones que crecen hinchadas por el
odio culpable de estas manos
Encuentro océanos en todas mis palabras salmos y espadas
sobre todo una luz que no se deja oír que aúlla como un
músculo porque hasta mis manos ahora las veo de cabeza
cuando escriben en el disturbio en la inquietud de una puerta
en este documento que respira como un país en ruinas el dolor
de ser consciente sobre todos los rostros cuando no es el odio
cumbre demolida
Ruedo por la noche inclinada el odio es real en el presente
canto desde esta ciudad saqueada aplastada como un pan sobre
el olor poderoso que nos rodea
Con un saco de mangas desmayadas con un paliacate en la
mano dando cuerda al viento con el odio posado en mi pulso
izquierdo lastimando sus ojos con mis ojos viendo la sombra de
mi vecino que pasa alisándose el cabello con un rumor de
follaje y labio desprendido en la garganta
Todo lo estoy viendo
De mármol tajante
6
Caminos vueltos desdoblados riegan
Sobre mi ánimo decapitado y despierto
Deseos de vivir esa página encinta
Abandonarse sobre orientes purísimos de noche
a la deriva
Peligrar durante estaciones
levantadas batallas de banderas y mastines
Viajar con remolinos los brazos abiertos
los tobillos libres
Oír el canto de la niebla roca a punto de amarrar
leves cortinas
Plaza demolida
Tienda erguida débil rostro de arrugas condenadas
Lo único irreal
Llévame hasta tu último labio promontorio de espinas
Mi fatal deseo es hincar alas en tu corriente descompuesta
Para viajar sin trajes ni señales abro jeroglíficos
delgados a navíos
Recorrer países en éxtasis austral conocimiento experiencia
de sonidos
Para ver la claridad de lo concreto estancia ávida
de carbones
Oleaje cornamenta donde he de agitar camisas intolerantes
a las meditaciones
Así he de crecer en ti
He de extender mis almácigos para que me reconozcas
Templo blasfematorio
No hagáis de mí ese hombre de odio...
A. Césaire
A. Césaire
Con el zumbido de la fiebre con medicamentos y nubes de los
labios a la tinta anoto sensaciones que crecen hinchadas por el
odio culpable de estas manos
Encuentro océanos en todas mis palabras salmos y espadas
sobre todo una luz que no se deja oír que aúlla como un
músculo porque hasta mis manos ahora las veo de cabeza
cuando escriben en el disturbio en la inquietud de una puerta
en este documento que respira como un país en ruinas el dolor
de ser consciente sobre todos los rostros cuando no es el odio
cumbre demolida
Ruedo por la noche inclinada el odio es real en el presente
canto desde esta ciudad saqueada aplastada como un pan sobre
el olor poderoso que nos rodea
Con un saco de mangas desmayadas con un paliacate en la
mano dando cuerda al viento con el odio posado en mi pulso
izquierdo lastimando sus ojos con mis ojos viendo la sombra de
mi vecino que pasa alisándose el cabello con un rumor de
follaje y labio desprendido en la garganta
Todo lo estoy viendo
De mármol tajante
... Y la mar entre nosotros tiene alta casta de vivientes.
St. J. Perse
a Raúl Garduño, en este mar.
St. J. Perse
a Raúl Garduño, en este mar.
6
Caminos vueltos desdoblados riegan
Sobre mi ánimo decapitado y despierto
Deseos de vivir esa página encinta
Abandonarse sobre orientes purísimos de noche
a la deriva
Peligrar durante estaciones
levantadas batallas de banderas y mastines
Viajar con remolinos los brazos abiertos
los tobillos libres
Oír el canto de la niebla roca a punto de amarrar
leves cortinas
Plaza demolida
Tienda erguida débil rostro de arrugas condenadas
Lo único irreal
Llévame hasta tu último labio promontorio de espinas
Mi fatal deseo es hincar alas en tu corriente descompuesta
Para viajar sin trajes ni señales abro jeroglíficos
delgados a navíos
Recorrer países en éxtasis austral conocimiento experiencia
de sonidos
Para ver la claridad de lo concreto estancia ávida
de carbones
Oleaje cornamenta donde he de agitar camisas intolerantes
a las meditaciones
Así he de crecer en ti
He de extender mis almácigos para que me reconozcas
Templo blasfematorio
jueves, 28 de octubre de 2010
'Trabajo ilegal' de Óscar Oliva
Pintura (1)
(De destrucción en destrucción
La palabra se desliza
hasta caer en el pozo de luz
Que hierve
Junto al polvo que es un bloque puntal
Se escucha el nacimiento de lo azul
Que alguien saca
Para arrojarlo a cubetazos,
Sobre la cerrazón del cielo)
Génesis
Desde el amanecer estoy construyendo esta ciudad, y no veo la
hora de terminar. He sido albañil, escultor, astrónomo. La he
desbaratado no sé cuantas veces, la he apuntalado con mis
propios desvaríos. En estos momentos le he puesto una bocina
para que hable. En esta oscuridad no distingo el andamio
donde trabajo, y que ya no siento debajo de mí. No tengo ya
fuerzas. Por mis calles corre el viento. Ya es tiempo de que
termine de construir este hombre, de darle aceras y copas, pues
me estoy quedando desierto, sin murallas ni templos. En la
ancianidad palpo que no he superado mi condición de valle,
las rocas se desmoronan entre mis dientes, los montes me
cercan, reduciéndome. Al amanecer es posible que no sea más
que una bestia en busca de alguien que destrozar.
(De destrucción en destrucción
La palabra se desliza
hasta caer en el pozo de luz
Que hierve
Junto al polvo que es un bloque puntal
Se escucha el nacimiento de lo azul
Que alguien saca
Para arrojarlo a cubetazos,
Sobre la cerrazón del cielo)
Génesis
Desde el amanecer estoy construyendo esta ciudad, y no veo la
hora de terminar. He sido albañil, escultor, astrónomo. La he
desbaratado no sé cuantas veces, la he apuntalado con mis
propios desvaríos. En estos momentos le he puesto una bocina
para que hable. En esta oscuridad no distingo el andamio
donde trabajo, y que ya no siento debajo de mí. No tengo ya
fuerzas. Por mis calles corre el viento. Ya es tiempo de que
termine de construir este hombre, de darle aceras y copas, pues
me estoy quedando desierto, sin murallas ni templos. En la
ancianidad palpo que no he superado mi condición de valle,
las rocas se desmoronan entre mis dientes, los montes me
cercan, reduciéndome. Al amanecer es posible que no sea más
que una bestia en busca de alguien que destrozar.
jueves, 21 de octubre de 2010
'Trabajo ilegal' de Óscar Oliva
Para romper acosos
Ahora voy a escribir en lo hondo del papel
con el muñón que surge desde lo oculto de mí mismo.
Hoy me calzo de cólera.
No hay lugar para la ternura.
Estoy sudando
encima del grasoso
mostrador de una tienda,
donde compro un pedazo de queso,
una botella de vino
y sal para conservar sangrante
mi carne.
A pesar de que soy un poeta común y corriente
no puedo respirar con todo lo sagrado
y la cavidad desdentada de San Juan de la Cruz.
Verdaderamente me siento mal.
¿De dónde ha nacido esta cólera que ataja alumbramientos?
No quiero contar nada.
Quiero obligar a que estas páginas voceen.
Pero me importa nada o todo
o círculo o línea recta
de donde venga esta cólera:
de la ceguera o de las cuestas de ajo.
Porque también del ajo o del perejil puede venir.
Lo que me importa es saber qué puedo hacer con esta rabia,
con este cargamento de piedras que quiere salir del pasmo,
para romper acosos.
Por eso estoy ahora
con una cuerda en el pescuezo,
con un fusil en las entrañas,
dando de alaridos,
manotazos y patadas,
para volver otra vez a luchar,
a fracasar,
volver a luchar,
siguiendo la inexorable lógica del aniquilamiento,
contra lo que no se puede marchar.
Ahora voy a escribir en lo hondo del papel
con el muñón que surge desde lo oculto de mí mismo.
Hoy me calzo de cólera.
No hay lugar para la ternura.
Estoy sudando
encima del grasoso
mostrador de una tienda,
donde compro un pedazo de queso,
una botella de vino
y sal para conservar sangrante
mi carne.
A pesar de que soy un poeta común y corriente
no puedo respirar con todo lo sagrado
y la cavidad desdentada de San Juan de la Cruz.
Verdaderamente me siento mal.
¿De dónde ha nacido esta cólera que ataja alumbramientos?
No quiero contar nada.
Quiero obligar a que estas páginas voceen.
Pero me importa nada o todo
o círculo o línea recta
de donde venga esta cólera:
de la ceguera o de las cuestas de ajo.
Porque también del ajo o del perejil puede venir.
Lo que me importa es saber qué puedo hacer con esta rabia,
con este cargamento de piedras que quiere salir del pasmo,
para romper acosos.
Por eso estoy ahora
con una cuerda en el pescuezo,
con un fusil en las entrañas,
dando de alaridos,
manotazos y patadas,
para volver otra vez a luchar,
a fracasar,
volver a luchar,
siguiendo la inexorable lógica del aniquilamiento,
contra lo que no se puede marchar.
jueves, 14 de octubre de 2010
'Trabajo ilegal' de Óscar Oliva
III
... cualquier persona que haya incurrido o incurriese en ser fomentador,
auxiliador o participante voluntario en estas asonadas, bullicios, motines,
griterías, sediciones o tumultos populares, por el mero hecho quedará notado
durante su vida (además de sufrir en su persona y bienes irremisiblemente
las penas impuestas por las leyes del Reyno contra los que causan o
auxilian motín o rebelión) por enemigo de la patria, y su memoria por
infame o detestable para todos los efectos civiles, como destructor del pacto
de sociedad que une a todos los pueblos y vasallos con la Cabeza Suprema
del Estado, y el reato le seguirá sin prescripción alguna de tiempo.
Carlos III, 1766
El artista (1)
Por 1656
Diego Rodríguez de Silva y Velázquez
se pinta en un lienzo frente a su caballete
ejecutando los retratos de Felipe IV y de doña Mariana,
que se reflejan en el espejo del fondo.
Dona María Agustina Sarmiento,
menina de la infanta doña Margarita,
le ofrece en una bandeja un búcaro con agua.
La infanta, en medio.
A su izquierda,
doña Isabel de Velasco,
también menina.
La enana Maribárbola. Y Nicolás de Portosato,
con el pie izquierdo sobre el perro echado.
En segundo término:
doña Marcela de Ulloa, "guardamujer de las damas
de la reina", y un guardadamas. En la puerta del fondo
descorre una cortina el aposentador don José Nieto Velázquez.
En la pared, lienzos de Rubens. El cuadro se llamaba
de La familia. Mide 3.18 por 2.76 metros. Hoy es conocido
como Las meninas.
He aquí lo que yo hago:
con todos mis materiales de trabajo
me instalo de un golpe en este libro,
sentando plaza en su plaza.
Mi intención es la siguiente:
¿Cómo hacer que este libro y yo lleguemos a ser indivisibles?
¿Cómo hacer que el poema rompa con el sometimiento al papel?
Cuando me incline desde afuera a contemplar este relato ya
concluido,
¿qué es lo que veré? ¿qué es lo que habré dado?
Verdaderamente,
me gustaría nada más dar una pintura boquiabierta
bajo el estruendo.
Pero por el momento,
esto es imposible.
Desde esta cárcel lo único que voy a dar es mi nombre.
Me considero un prisionero de guerra.
... cualquier persona que haya incurrido o incurriese en ser fomentador,
auxiliador o participante voluntario en estas asonadas, bullicios, motines,
griterías, sediciones o tumultos populares, por el mero hecho quedará notado
durante su vida (además de sufrir en su persona y bienes irremisiblemente
las penas impuestas por las leyes del Reyno contra los que causan o
auxilian motín o rebelión) por enemigo de la patria, y su memoria por
infame o detestable para todos los efectos civiles, como destructor del pacto
de sociedad que une a todos los pueblos y vasallos con la Cabeza Suprema
del Estado, y el reato le seguirá sin prescripción alguna de tiempo.
Carlos III, 1766
El artista (1)
Por 1656
Diego Rodríguez de Silva y Velázquez
se pinta en un lienzo frente a su caballete
ejecutando los retratos de Felipe IV y de doña Mariana,
que se reflejan en el espejo del fondo.
Dona María Agustina Sarmiento,
menina de la infanta doña Margarita,
le ofrece en una bandeja un búcaro con agua.
La infanta, en medio.
A su izquierda,
doña Isabel de Velasco,
también menina.
La enana Maribárbola. Y Nicolás de Portosato,
con el pie izquierdo sobre el perro echado.
En segundo término:
doña Marcela de Ulloa, "guardamujer de las damas
de la reina", y un guardadamas. En la puerta del fondo
descorre una cortina el aposentador don José Nieto Velázquez.
En la pared, lienzos de Rubens. El cuadro se llamaba
de La familia. Mide 3.18 por 2.76 metros. Hoy es conocido
como Las meninas.
He aquí lo que yo hago:
con todos mis materiales de trabajo
me instalo de un golpe en este libro,
sentando plaza en su plaza.
Mi intención es la siguiente:
¿Cómo hacer que este libro y yo lleguemos a ser indivisibles?
¿Cómo hacer que el poema rompa con el sometimiento al papel?
Cuando me incline desde afuera a contemplar este relato ya
concluido,
¿qué es lo que veré? ¿qué es lo que habré dado?
Verdaderamente,
me gustaría nada más dar una pintura boquiabierta
bajo el estruendo.
Pero por el momento,
esto es imposible.
Desde esta cárcel lo único que voy a dar es mi nombre.
Me considero un prisionero de guerra.
jueves, 7 de octubre de 2010
'Trabajo ilegal' de Óscar Oliva
Respuesta caminando
1
Esta página ha aceptado mi mano. Es la claridad que oye. Mi
mano es el acto que oscurece, escriben mis ojos. Pasa por mi
mente un acento, una coma, conforme la página se va
oscureciendo.
Pienso en Cuba y la página arrebata lo escrito.
4
Todo cuanto sé es inicial. Todo cuanto ignoro no es el
movimiento. Ninguna otra cosa lo es, si no es la revolución.
Este acento es la oscuridad, esta coma es la claridad que alza y
vive en esta página. Alzo esta página y vivo mi ignorancia que
conduce lo inicial: movimiento de cuanto sé.
6
¿Oyes al árbol? El árbol agitándose dentro de mi mente,
respirando, concreto y único, realizando su propio árbol; ¿lo
oyes?: expuesto en el mundo, el árbol de la realidad en el
mundo de la realidad del árbol, el árbol que no es alcanzable
de una vez y para siempre, sino el árbol que se hace, es decir,
se desarrolla y realiza. El árbol que se agita dentro y fuera del
mundo. Una tarde, en las afueras de Santiago de Cuba, toqué
su tronco, comí de sus frutos, oí su respiración, oí su verdad.
Desde entonces siento que un árbol se agita dentro de mi
mente y respiro por él, concreto y único.
7
¿Qué realidad es ésta? El hombre vive en varios mundos y
cada uno exige una visión distinta. En Cuba es otra vida que
veo roturada, así como es otra vida que se rotura en nuestra
América en la clandestinidad. Mi realidad es como un andamio
desamarrado que se mueve en la demolición que se escucha
por todas partes. Dentro de esta realidad en demolición por
todas partes aprendo esta significación que camino.
1
Esta página ha aceptado mi mano. Es la claridad que oye. Mi
mano es el acto que oscurece, escriben mis ojos. Pasa por mi
mente un acento, una coma, conforme la página se va
oscureciendo.
Pienso en Cuba y la página arrebata lo escrito.
4
Todo cuanto sé es inicial. Todo cuanto ignoro no es el
movimiento. Ninguna otra cosa lo es, si no es la revolución.
Este acento es la oscuridad, esta coma es la claridad que alza y
vive en esta página. Alzo esta página y vivo mi ignorancia que
conduce lo inicial: movimiento de cuanto sé.
6
¿Oyes al árbol? El árbol agitándose dentro de mi mente,
respirando, concreto y único, realizando su propio árbol; ¿lo
oyes?: expuesto en el mundo, el árbol de la realidad en el
mundo de la realidad del árbol, el árbol que no es alcanzable
de una vez y para siempre, sino el árbol que se hace, es decir,
se desarrolla y realiza. El árbol que se agita dentro y fuera del
mundo. Una tarde, en las afueras de Santiago de Cuba, toqué
su tronco, comí de sus frutos, oí su respiración, oí su verdad.
Desde entonces siento que un árbol se agita dentro de mi
mente y respiro por él, concreto y único.
7
¿Qué realidad es ésta? El hombre vive en varios mundos y
cada uno exige una visión distinta. En Cuba es otra vida que
veo roturada, así como es otra vida que se rotura en nuestra
América en la clandestinidad. Mi realidad es como un andamio
desamarrado que se mueve en la demolición que se escucha
por todas partes. Dentro de esta realidad en demolición por
todas partes aprendo esta significación que camino.
jueves, 30 de septiembre de 2010
'Trabajo ilegal' de Óscar Oliva
Boceto para el desarrollo del tema central
Me desperté debajo de la tierra, sin casa. Me levanté como
pude, arrastrándome. Y a aquel esfuerzo le llamé mi muerte.
Me dormí debajo del cielo, y en la sedición derribé casas,
di cauce a nombres usados en la vigilia. Y a aquel esfuerzo
le llamé mi nacimiento. ¿Cómo llamaré a este esfuerzo donde
no he podido despertar ni dormir, donde no hay tierra,
ni cielo? Doy este esfuerzo que nadie ha dado, para que los
nombres usados en la clandestinidad sean con los que responda
en mi nacimiento y en mi muerte.
Me desperté debajo de la tierra, sin casa. Me levanté como
pude, arrastrándome. Y a aquel esfuerzo le llamé mi muerte.
Me dormí debajo del cielo, y en la sedición derribé casas,
di cauce a nombres usados en la vigilia. Y a aquel esfuerzo
le llamé mi nacimiento. ¿Cómo llamaré a este esfuerzo donde
no he podido despertar ni dormir, donde no hay tierra,
ni cielo? Doy este esfuerzo que nadie ha dado, para que los
nombres usados en la clandestinidad sean con los que responda
en mi nacimiento y en mi muerte.
jueves, 23 de septiembre de 2010
'Trabajo ilegal' de Óscar Oliva
II
Herramientas de trabajo
2
Trabajo mordido por un mundo que no acabará jamás,
para oír el escándalo que hay bajo las alas de un pájaro
que pasó ayer y que hoy no ha pasado.
Dejo una luz para atraer todo lo que se ha ido,
y para que lo olvidado siga junto a mí.
Falta una luz adentro de la tierra.
No acabará jamás esta mordida en la nuca.
3
Limpiar astros, arar labios, herrar oscuridad
es mojar el abismo con vuelo,
cubrir con una manta el follaje seco que se hiela,
limpiar el pecho de montañas;
negar una habitación y habitar en la selva sucia.
Limpiar estas herramientas es secar la claridad
para que la mirada
truene.
5
Necesito comprender.
Necesito una palabra para abrir la palabra.
Necesito palabras cerradas adentro del universo oscuro.
Para romper la palabra ciega necesito ignorar.
Abro mis párpados,
el universo moja mi cerebro;
mis ojos ahogados
cierran la palabra y el libro.
Necesito abrir y cerrar el universo.
7
Herramienta del conocimiento, camino abierto por el machete
que lleva al punto donde comenzamos:
necesidad del lenguaje en el surco del antebrazo sin mano,
sin correspondencia con ningún camino terminado.
Voy a clamar por las herramientas que no conozco
y que se clavan en mi cerebro aturdiéndome.
Voy a clamar por la herramienta que me arrastra a la ignorancia.
10
Círculo del agua en la boa del tiempo que vomita todo:
vidrio donde leo lo escrito. El sol es como el tiempo,
desenreda sus anillos y me traga. Luego me vomita.
Borro lo que escribo y comienzo a conocer el ocio.
Con el vidrio corto el círculo y el tiempo mana y corre
hacia nadie.
Hacia donde yo estuve hace mucho tiempo.
Herramientas de trabajo
2
Trabajo mordido por un mundo que no acabará jamás,
para oír el escándalo que hay bajo las alas de un pájaro
que pasó ayer y que hoy no ha pasado.
Dejo una luz para atraer todo lo que se ha ido,
y para que lo olvidado siga junto a mí.
Falta una luz adentro de la tierra.
No acabará jamás esta mordida en la nuca.
3
Limpiar astros, arar labios, herrar oscuridad
es mojar el abismo con vuelo,
cubrir con una manta el follaje seco que se hiela,
limpiar el pecho de montañas;
negar una habitación y habitar en la selva sucia.
Limpiar estas herramientas es secar la claridad
para que la mirada
truene.
5
Necesito comprender.
Necesito una palabra para abrir la palabra.
Necesito palabras cerradas adentro del universo oscuro.
Para romper la palabra ciega necesito ignorar.
Abro mis párpados,
el universo moja mi cerebro;
mis ojos ahogados
cierran la palabra y el libro.
Necesito abrir y cerrar el universo.
7
Herramienta del conocimiento, camino abierto por el machete
que lleva al punto donde comenzamos:
necesidad del lenguaje en el surco del antebrazo sin mano,
sin correspondencia con ningún camino terminado.
Voy a clamar por las herramientas que no conozco
y que se clavan en mi cerebro aturdiéndome.
Voy a clamar por la herramienta que me arrastra a la ignorancia.
10
Círculo del agua en la boa del tiempo que vomita todo:
vidrio donde leo lo escrito. El sol es como el tiempo,
desenreda sus anillos y me traga. Luego me vomita.
Borro lo que escribo y comienzo a conocer el ocio.
Con el vidrio corto el círculo y el tiempo mana y corre
hacia nadie.
Hacia donde yo estuve hace mucho tiempo.
jueves, 16 de septiembre de 2010
'Trabajo ilegal' de Óscar Oliva, algún poema con matemáticas
Áspera cicatriz
3
Buenos días
teléfonos escritorios pinturas
Qué alegre estoy
Puede medirse mi alegría por centímetros cuadrados
puede abarcar kilómetros kilos de azúcar
El hombre sin piernas entra a la oficina
¡Buenos días pedazo de hombre!
¿Qué hace usted a estas horas con su tripa en ayunas?
Yo contesto una carta Buenos Aires o Londres
Veo por la ventana estremecimientos de ferrocarriles
(¿Cómo hacer que el mar participe de todo esto?
¿Cómo traerlo hasta aquí
enseñarle obediencia
compararlo vestirlo
darle nuevo azogue fértiles aserraderos?)
¿Y por qué aserraderos?
¡Un timbrazo acelera la sal de mis ideas!
Buenos días señor
buenos días señora....
4
¡El mar! ¡El mar! ¡El mar!
La idea del mar sus fuegos sus cometas
en las estancias de mi sangre
revolviendo mis cobijas
mis libros
interponiéndose entre mis amigos y los radios
en mis costumbres
Sube a los día con mis propias piernas
encima encima
de mi ánimo de mis montañas
Transformando mis viajes mis espadas
Si estoy cansado me levanta de la silla
me rescata del sueño me incendia me deshace
Florece en los vasos en los jardines
Hincha la noche profundiza su vientre
No me deja escribir anudado en mi lengua
revuelto en mi cerebro
¡El mar! ¡El mar! ¡El mar!
6
No está en ninguna parte
Cuando regresé de la oficina busqué su sombra
levanté un cuaderno
arrimé una silla a la mesa
y me puse a trazar su geometría
Tomé un vaso de agua y me sorprendió su dulzura
Busqué en mi traje en las gavetas de mi escritorio
Cansado sentí deseos de mujer pero no salí a la calle
Releí viejas cartas me puse a atar lazos con mi saliva
a construir amores perdidos con mis cabellos
habitaciones y amigos que un día conocí en mi frente
Pero sentía su presencia como un acoso
su lujuria dentro de mi estómago
(Tal vez en el jardín desenterraba plantas y buscaba hormigas
para la poderosa baba de su lengua entumecida como
escorpión)
7
Mientras tomo una taza de café repaso los poemas
que he escrito
¡Cuánta confusión! ¡Cuántas palabras perdidas!
¿Bajo qué impulso lancé mi pecho mis descomposturas
a la búsqueda de ese mar que no es claro ni habitable?
Si he dicho soledad árbol o cieno
fueron palabras imprecisas para extender mis brazos
para darle un vuelco al reloj y mostrar su desnudez
y sus caminos
He tomado conciencia de mis obligaciones
y he querido dar a los hombres nada más un relámpago
Debajo de una imagen ahora me duermo
ahora la doblo ahora la subrayo
Mañana despertaré en un mundo nuevo
3
Buenos días
teléfonos escritorios pinturas
Qué alegre estoy
Puede medirse mi alegría por centímetros cuadrados
puede abarcar kilómetros kilos de azúcar
El hombre sin piernas entra a la oficina
¡Buenos días pedazo de hombre!
¿Qué hace usted a estas horas con su tripa en ayunas?
Yo contesto una carta Buenos Aires o Londres
Veo por la ventana estremecimientos de ferrocarriles
(¿Cómo hacer que el mar participe de todo esto?
¿Cómo traerlo hasta aquí
enseñarle obediencia
compararlo vestirlo
darle nuevo azogue fértiles aserraderos?)
¿Y por qué aserraderos?
¡Un timbrazo acelera la sal de mis ideas!
Buenos días señor
buenos días señora....
4
¡El mar! ¡El mar! ¡El mar!
La idea del mar sus fuegos sus cometas
en las estancias de mi sangre
revolviendo mis cobijas
mis libros
interponiéndose entre mis amigos y los radios
en mis costumbres
Sube a los día con mis propias piernas
encima encima
de mi ánimo de mis montañas
Transformando mis viajes mis espadas
Si estoy cansado me levanta de la silla
me rescata del sueño me incendia me deshace
Florece en los vasos en los jardines
Hincha la noche profundiza su vientre
No me deja escribir anudado en mi lengua
revuelto en mi cerebro
¡El mar! ¡El mar! ¡El mar!
6
No está en ninguna parte
Cuando regresé de la oficina busqué su sombra
levanté un cuaderno
arrimé una silla a la mesa
y me puse a trazar su geometría
Tomé un vaso de agua y me sorprendió su dulzura
Busqué en mi traje en las gavetas de mi escritorio
Cansado sentí deseos de mujer pero no salí a la calle
Releí viejas cartas me puse a atar lazos con mi saliva
a construir amores perdidos con mis cabellos
habitaciones y amigos que un día conocí en mi frente
Pero sentía su presencia como un acoso
su lujuria dentro de mi estómago
(Tal vez en el jardín desenterraba plantas y buscaba hormigas
para la poderosa baba de su lengua entumecida como
escorpión)
7
Mientras tomo una taza de café repaso los poemas
que he escrito
¡Cuánta confusión! ¡Cuántas palabras perdidas!
¿Bajo qué impulso lancé mi pecho mis descomposturas
a la búsqueda de ese mar que no es claro ni habitable?
Si he dicho soledad árbol o cieno
fueron palabras imprecisas para extender mis brazos
para darle un vuelco al reloj y mostrar su desnudez
y sus caminos
He tomado conciencia de mis obligaciones
y he querido dar a los hombres nada más un relámpago
Debajo de una imagen ahora me duermo
ahora la doblo ahora la subrayo
Mañana despertaré en un mundo nuevo
jueves, 9 de septiembre de 2010
'Trabajo ilegal' de Óscar Oliva
Para arrancar tierra con el tiempo
8
Atravesando el pueblo, llego hasta mi antigua casa. Mi padre
dormita en su hamaca, recién bañado, oliendo a agua de
colonia. No quiero despertarlo, porque podría ocurrir que se
levantara muchos años atrás y entonces no estaría yo y habría
un Tuxtla distinto.
–Parece que no tuviera sueños, sino que tuviera montañas–,
digo.
–¿Quién eres? –, me pregunta.
Frente a frente nos tomamos una copa, comiendo queso de
Rayón, camarón seco de Juchitán y carne de iguana traída de
Chicomuselo. Le digo:
–Para que me conozcas te enumeraré los árboles que una vez
me regalaste del huerto de la casa: pues yo, que era niño, te
seguía y te los iba pidiendo uno tras otro; y, al pasar entre
ellos me los mostrabas y me decías su nombre. Fueron cinco
mangos, siete jocotes y cuatro papausas.
–¡Cómo pasan los años!– dice él. Las venas de las manos le
palpitan. “Parecen águilas”, pienso. Caminamos por el corredor
de la casa.
–Qué abandonada está–, comento.
–Pero esta no es la casa–, me dice como buscando otra casa.
Entramos en un cuarto.
–Ahí naciste–, señala. Abrimos cuartos y más cuartos sin
encontrar la casa. En la cocina hay luz. Vamos a la cocina.
–Aurora–, murmura mi padre y se le llenan los ojos de
lágrimas. “No puede ser mi madre”, pienso yo, pero no digo
nada. Mi madre nos pregunta:
–¿Tienen hambre? Ya pronto va estar la comida–.
Llega hasta nosotros y nos abraza. Seguimos buscando. Aquí
estaba el tanque de agua. Allá los rosales, el limonero, la
palma de dátil, la granada; allá estaba el corral de las gallinas
y más allá, en el traspatio, la troje donde se almacenaba el
maíz que traían de Suchiapa y donde era el criadero de
culebras ratoneras y de tlacuache.
–¿Nos tomamos otra copa? –, le pregunto.
–Sí–, dice él.
–Para luego ya dormirme.
–Anoche soñé a tu madre. Recién muerta no la soñaba–; y yo
le digo: “bueno, si, hasta mañana, ya es tarde”.
–Ya es hora, sí, hasta mañana–, me dice él. Su bastón y un
libro reposan en la butaca de cuero. Desde el sueño me llama:
“¡De prisa, hijo!”, y agita su sombrero. Cierro la puerta de su
cuarto. Abro la puerta de mi casa.
9
Contando los minutos que restan del crepúsculo, mi casa viaja
hacia la noche. Mientras vemos el aparato de tv, mi mujer y
mis hijas se despeinan en la velocidad del viaje. Guerrilleros
guatemaltecos agitan sus armas en la pantalla, las caras
cubiertas con paliacates o pasamontañas. Hace mucho calor.
Destapo otra botella de vino blanco. Mis hijas bailan con la
música de un cassette. La madre también baila, y yo, el padre,
las acompaño trastabillando.
–¿Viajamos hacia la noche?, pregunto. Ya no hay imágenes en
la tv. Ya no hay música. Sólo la Tierra girando, agitando las
palabras y los cabellos que no pueden ser contenidos en las
palabras. Vegetal oscuridad mastico. Pasa un murciélago.
11
En Tuxtla la noche puede cortarse. Comienzo a arrancar tierra,
y en mi memoria se despierta un antiguo deseo. En el cielo no
hay ventanas, o al menos yo no sé dónde están.
12
Para arrancar tierra con el tiempo
dejo estas roncas preguntas recién caminadas.
La madrugada es respuesta no pronunciada todavía.
8
Atravesando el pueblo, llego hasta mi antigua casa. Mi padre
dormita en su hamaca, recién bañado, oliendo a agua de
colonia. No quiero despertarlo, porque podría ocurrir que se
levantara muchos años atrás y entonces no estaría yo y habría
un Tuxtla distinto.
–Parece que no tuviera sueños, sino que tuviera montañas–,
digo.
–¿Quién eres? –, me pregunta.
Frente a frente nos tomamos una copa, comiendo queso de
Rayón, camarón seco de Juchitán y carne de iguana traída de
Chicomuselo. Le digo:
–Para que me conozcas te enumeraré los árboles que una vez
me regalaste del huerto de la casa: pues yo, que era niño, te
seguía y te los iba pidiendo uno tras otro; y, al pasar entre
ellos me los mostrabas y me decías su nombre. Fueron cinco
mangos, siete jocotes y cuatro papausas.
–¡Cómo pasan los años!– dice él. Las venas de las manos le
palpitan. “Parecen águilas”, pienso. Caminamos por el corredor
de la casa.
–Qué abandonada está–, comento.
–Pero esta no es la casa–, me dice como buscando otra casa.
Entramos en un cuarto.
–Ahí naciste–, señala. Abrimos cuartos y más cuartos sin
encontrar la casa. En la cocina hay luz. Vamos a la cocina.
–Aurora–, murmura mi padre y se le llenan los ojos de
lágrimas. “No puede ser mi madre”, pienso yo, pero no digo
nada. Mi madre nos pregunta:
–¿Tienen hambre? Ya pronto va estar la comida–.
Llega hasta nosotros y nos abraza. Seguimos buscando. Aquí
estaba el tanque de agua. Allá los rosales, el limonero, la
palma de dátil, la granada; allá estaba el corral de las gallinas
y más allá, en el traspatio, la troje donde se almacenaba el
maíz que traían de Suchiapa y donde era el criadero de
culebras ratoneras y de tlacuache.
–¿Nos tomamos otra copa? –, le pregunto.
–Sí–, dice él.
–Para luego ya dormirme.
–Anoche soñé a tu madre. Recién muerta no la soñaba–; y yo
le digo: “bueno, si, hasta mañana, ya es tarde”.
–Ya es hora, sí, hasta mañana–, me dice él. Su bastón y un
libro reposan en la butaca de cuero. Desde el sueño me llama:
“¡De prisa, hijo!”, y agita su sombrero. Cierro la puerta de su
cuarto. Abro la puerta de mi casa.
9
Contando los minutos que restan del crepúsculo, mi casa viaja
hacia la noche. Mientras vemos el aparato de tv, mi mujer y
mis hijas se despeinan en la velocidad del viaje. Guerrilleros
guatemaltecos agitan sus armas en la pantalla, las caras
cubiertas con paliacates o pasamontañas. Hace mucho calor.
Destapo otra botella de vino blanco. Mis hijas bailan con la
música de un cassette. La madre también baila, y yo, el padre,
las acompaño trastabillando.
–¿Viajamos hacia la noche?, pregunto. Ya no hay imágenes en
la tv. Ya no hay música. Sólo la Tierra girando, agitando las
palabras y los cabellos que no pueden ser contenidos en las
palabras. Vegetal oscuridad mastico. Pasa un murciélago.
11
En Tuxtla la noche puede cortarse. Comienzo a arrancar tierra,
y en mi memoria se despierta un antiguo deseo. En el cielo no
hay ventanas, o al menos yo no sé dónde están.
12
Para arrancar tierra con el tiempo
dejo estas roncas preguntas recién caminadas.
La madrugada es respuesta no pronunciada todavía.
jueves, 2 de septiembre de 2010
'Trabajo ilegal' de Óscar Oliva
Para arrancar tierra con el tiempo
1
En Tuxtla el crepúsculo puede tocarse, olerse; es como la flor
del candox o la del sospó: puede cortarse; y sin embrago
permanecer intacto cuando se contradice, cuando lucha con nuestras preguntas.
2
Hice yo mismo esta cama. Creció dentro del patio de la casa
un árbol de alargadas hojas, robusto y floreciente: del grosor de
una columna de la Catedral de San Cristóbal. En tono suyo
levanté las paredes del cuarto, empleando adobe, piedras y
paja. Lo cubrí con un techo de tejas, y lo cerré con puerta
sólida, firmemente ajustada. Dejé una ventana grande para que
entrara el cielo. Después corté el ramaje de aquel árbol. Con
un cepillo de carpintero pulí su tronco desde la raíz,
haciéndolo torpe y toscamente. Lo enderecé por medio de un
nivel para convertirlo en pie de la cama, y lo taladré con un
barreno. De esta manera, fui haciendo y pulimentando la cama
hasta terminarla: le di una mano de barniz natural y luego otra
mano hasta que quedó más brillante que el cielo estrellado.
Extendí en su parte interior unas correas de piel de buey,
teñidas de púrpura, y encima un colchón duro. Encima del
colchón sábanas blancas, almohadas rellenas de algodón
silvestre y al pie de la cama una piel de jaguar. Mi mujer y
yo nos acostamos ahí y ahí engendramos a nuestras hijas. Aquí
gozamos y conversamos, porque los dos hemos pasado muchos
trabajos. La beso, y ella me besa; la toco, nos tocamos; el jadeo
crece y las floraciones de la cama estiran débiles cuellos.
4
Salgo a caminar contra el sur, donde los matorrales se
amotinan contra la sequedad. Entro en el panteón municipal.
Arranco la hojarasca del sepulcro donde están enterrados mis
familiares. Qué extraño que pueda leer en esta lápida mi
nombre. Este nombre que no es más que la necesidad de la
sed. Yo apenas sé hablar, caminar. Mi hermano da vueltas a mi
alrededor, luego se duerme en la cuna. No sé de quién de los
dos estoy hablando. Yo también me rebelo. Me levanto y
atravieso la sed.
6
Llego hasta la tumba de los guerrilleros guatemaltecos. Parece
que no estuvieran. Toco, y nadie me responde. “¿En dónde
estarán?” Marco Antonio Yon Sosa y sus dos compañeros deben
estar cruzando el río Lacantún. Salgo del panteón y sigo rumbo
al sur a esperar el crepúsculo, por la loma del venado o más
arriba donde danzan los guajolotes sin cabeza. San Pascual
Bailón no me reconoció, de tan borracho.
–¿En dónde estarán?
1
En Tuxtla el crepúsculo puede tocarse, olerse; es como la flor
del candox o la del sospó: puede cortarse; y sin embrago
permanecer intacto cuando se contradice, cuando lucha con nuestras preguntas.
2
Hice yo mismo esta cama. Creció dentro del patio de la casa
un árbol de alargadas hojas, robusto y floreciente: del grosor de
una columna de la Catedral de San Cristóbal. En tono suyo
levanté las paredes del cuarto, empleando adobe, piedras y
paja. Lo cubrí con un techo de tejas, y lo cerré con puerta
sólida, firmemente ajustada. Dejé una ventana grande para que
entrara el cielo. Después corté el ramaje de aquel árbol. Con
un cepillo de carpintero pulí su tronco desde la raíz,
haciéndolo torpe y toscamente. Lo enderecé por medio de un
nivel para convertirlo en pie de la cama, y lo taladré con un
barreno. De esta manera, fui haciendo y pulimentando la cama
hasta terminarla: le di una mano de barniz natural y luego otra
mano hasta que quedó más brillante que el cielo estrellado.
Extendí en su parte interior unas correas de piel de buey,
teñidas de púrpura, y encima un colchón duro. Encima del
colchón sábanas blancas, almohadas rellenas de algodón
silvestre y al pie de la cama una piel de jaguar. Mi mujer y
yo nos acostamos ahí y ahí engendramos a nuestras hijas. Aquí
gozamos y conversamos, porque los dos hemos pasado muchos
trabajos. La beso, y ella me besa; la toco, nos tocamos; el jadeo
crece y las floraciones de la cama estiran débiles cuellos.
4
Salgo a caminar contra el sur, donde los matorrales se
amotinan contra la sequedad. Entro en el panteón municipal.
Arranco la hojarasca del sepulcro donde están enterrados mis
familiares. Qué extraño que pueda leer en esta lápida mi
nombre. Este nombre que no es más que la necesidad de la
sed. Yo apenas sé hablar, caminar. Mi hermano da vueltas a mi
alrededor, luego se duerme en la cuna. No sé de quién de los
dos estoy hablando. Yo también me rebelo. Me levanto y
atravieso la sed.
6
Llego hasta la tumba de los guerrilleros guatemaltecos. Parece
que no estuvieran. Toco, y nadie me responde. “¿En dónde
estarán?” Marco Antonio Yon Sosa y sus dos compañeros deben
estar cruzando el río Lacantún. Salgo del panteón y sigo rumbo
al sur a esperar el crepúsculo, por la loma del venado o más
arriba donde danzan los guajolotes sin cabeza. San Pascual
Bailón no me reconoció, de tan borracho.
–¿En dónde estarán?
jueves, 26 de agosto de 2010
'Trabajo ilegal' de Óscar Oliva
Coro de puertas, porvenir de estruendo
7
Para llegar a la claridad hay que despojarse de hábitos
cotidianos, sumergirse en la cotidianeidad para despojarse
de la claridad.
Descender y sentir que en esa descendencia se contiene
la claridad que no encontramos cuando ascendemos,
y nos lapidan.
Estamos seguros que no hay más que camisas, pantalones,
ropa interior, talco, loción y otros utensilios que saben
más de nosotros que nuestros familiares.
Esperamos una llamada telefónica para ir abriéndonos paso.
En las paredes de la cueva pintamos el desconcierto y el llanto.
Se va haciendo la claridad, no queda más que la muerte,
que es la transparencia.
Utilizas la carne, la piel y los huesos, lo que queda en las
paredes: la debilidad como conciencia exacta de la muerte.
La bocina de un automóvil hace que nos subamos
a la banqueta. Conjunto de acciones, de pañuelos usados:
por caminos contradictorios se llega a lo repentino, para llegar
otra vez a lo cotidiano donde todas las cosas están sin nombre,
enterradas: para hacer de la garganta un hacha; un hacha clara,
sin muerte.
9
En el despertar, la posibilidad de la alegría. El vértigo
del reconocimiento y el vaso de la danza. Lo inmóvil, sonando.
Cumplimiento exacto, la casa empuja sombras. Sacudimiento de
la algarabía, noticias de vidrios; recibo animación en la garganta
de lo cotidiano. Común determinación de consagrarse
diariamente a la caricia de la velocidad fijada en una ventana.
Absoluta firmeza y claridad, sólo este movimiento lleno de
convicción y alerta en su contrario. El fuego se ha reunido en
un ramo elegíaco y ha trascendido la transparencia. Ha sonado
la embriaguez porque todo es herida, pie de danza, planta que
crece en el hueco y devora las hierbas del labio que las
entorpece.
Cuando se abra la ventana todo estará cambiando.
11
Entonces te encuentro, recorriendo el universo, lengua
de amanecer y plato de comida: no se puede distinguir casi
nada. De pie, atrás de la barricada, observamos los rostros
de los que nos rodean: nadie ha de descansar esperando el
amanecer. Alguien me pasa un arma. Yo la recibo escupiendo
restos de sueño que me dieron en la comida de anoche.
Deseando el camino que no son más que estas líneas trazadas
y macheteadas por mis manos.
Me salgo de estas manos.
7
Para llegar a la claridad hay que despojarse de hábitos
cotidianos, sumergirse en la cotidianeidad para despojarse
de la claridad.
Descender y sentir que en esa descendencia se contiene
la claridad que no encontramos cuando ascendemos,
y nos lapidan.
Estamos seguros que no hay más que camisas, pantalones,
ropa interior, talco, loción y otros utensilios que saben
más de nosotros que nuestros familiares.
Esperamos una llamada telefónica para ir abriéndonos paso.
En las paredes de la cueva pintamos el desconcierto y el llanto.
Se va haciendo la claridad, no queda más que la muerte,
que es la transparencia.
Utilizas la carne, la piel y los huesos, lo que queda en las
paredes: la debilidad como conciencia exacta de la muerte.
La bocina de un automóvil hace que nos subamos
a la banqueta. Conjunto de acciones, de pañuelos usados:
por caminos contradictorios se llega a lo repentino, para llegar
otra vez a lo cotidiano donde todas las cosas están sin nombre,
enterradas: para hacer de la garganta un hacha; un hacha clara,
sin muerte.
9
En el despertar, la posibilidad de la alegría. El vértigo
del reconocimiento y el vaso de la danza. Lo inmóvil, sonando.
Cumplimiento exacto, la casa empuja sombras. Sacudimiento de
la algarabía, noticias de vidrios; recibo animación en la garganta
de lo cotidiano. Común determinación de consagrarse
diariamente a la caricia de la velocidad fijada en una ventana.
Absoluta firmeza y claridad, sólo este movimiento lleno de
convicción y alerta en su contrario. El fuego se ha reunido en
un ramo elegíaco y ha trascendido la transparencia. Ha sonado
la embriaguez porque todo es herida, pie de danza, planta que
crece en el hueco y devora las hierbas del labio que las
entorpece.
Cuando se abra la ventana todo estará cambiando.
11
Entonces te encuentro, recorriendo el universo, lengua
de amanecer y plato de comida: no se puede distinguir casi
nada. De pie, atrás de la barricada, observamos los rostros
de los que nos rodean: nadie ha de descansar esperando el
amanecer. Alguien me pasa un arma. Yo la recibo escupiendo
restos de sueño que me dieron en la comida de anoche.
Deseando el camino que no son más que estas líneas trazadas
y macheteadas por mis manos.
Me salgo de estas manos.
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