Un poema en 'Codex de los placeres y los encantos' (4, y fin) de Martín Rodríguez-Gaona
Cuando me incorporé tuve la sensación de haber sido arrastrado por una corriente eléctrica. No puedo recordar cómo, cuándo o con exactitud dónde me enteré de que, al fin, todo estaba decidido. El sol, inmóvil y apagado, no alimenta rincón alguno del planeta. Todo lo que surgiera por el raro soplo del germen, los edificios, los árboles, los hombres, las aguas, el ruido del mar, todo parece concluido. Lejos de ser una sorpresa, la noticia confirmada representó para mí cierta liberación. Siempre vi cosas y gente donde otros apenas vieron nada. Estoy cansado, cansado de tener la razón. Vine a Madrid porque me dijeron que aquí sería feliz. De esto hace ya mucho, no sabría decir cuándo, quizá más de una década. La tormenta ha alcanzado el continente. Ninguna pestilencia o plaga ha sido antes tan mortal, tan terrible. Las cosas sucedieron como la caída de una casa de naipes, sin solución de continuidad. Lo que en otro lugar tardó quince días, aquí se destruyó en quince años. Sin embargo, en e...