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Poemas de Lidia Fernández en su poemario 'Sociedades en trastienda' (3, y fin)

El suicida En los tiempos que vivimos No es tan difícil Querer estar muerto a veces, Sólo un minuto, un segundo Ausente de maniobras Para retener serotonina. Ese libro que me dejaste Le quema la piel a la estantería Y aún no sabe Cómo ha de serte devuelto. Ese libro que me dejaste Enclava los poemas, Los echa hacia el asfalto Y yo tengo pocas ganas de aprender A estos mejunjes de llorar, Tu libro ha de soportar Que yo no pueda leerlo. Y en lugar del paso de cebra Sigo en mi semáforo, Y doy cuenta del festín de no saberte. Y doy pétalos dormidos a la luna Como prenda. Pero no estoy en deuda Lo sé, ni con sus páginas Ni con las nuestras, La poca historia que nos duele. Es mejor cerrar y poner un separador Tal vez, eterno. Pero cuando miro la portada Me pongo a temblar, Cuándo podré renovar El disfraz de muchedumbre Fundirme en los neones de las tumbas Cambiarme de camisa Y ser alguna vez esa mano Que te entrega el libro. No lo sé. Tú tampoco puedes decírmelo Y se incendia la casa, Se cal...

Poemas de Lidia Fernández en su poemario 'Sociedades en trastienda' (2)

De carne y hueso Hemos ido a la puerta del teatro A protegernos de la lluvia, Hemos desarrollado la placenta adecuada Para seguir moviéndonos, Para no decir que nos sangran las uñas De agarrarnos a la nada. Hemos ido a la puerta del mercado Para alimentar nuestras bocas De crías hambrientas, Pero hemos sido abordados por el desastre Del estómago vacío de sentidos. Nos duelen los tímpanos de escucharnos Al estornudar, y de organizar campamentos Donde el eco de la voz propia se diluye. Hemos ido a la puerta del teatro, Nos ha faltado la huella de los hombres, Ahora mismo la inocencia me enternece Profundamente, porque el retumbar del aire En el escenario, me remite a la carne y hueso Que echo en falta. Sin embargo, todos estamos hechos de lo mismo. El reparto- Círculos viciosos El día que repartieron líneas, A mí me tocaron círculos viciosos. Me tocaron curvas húmedas Para derrapar, Y frenos defectuosos Para no parar en seco Cuando me cansara del períme...

Poemas de Lidia Fernández en su poemario 'Sociedades en trastienda'

Me hundo He pensado en el pequeño medio beso Que me diste al irnos, Suponiendo que tú fueras a alguna parte Y yo fuera a otra distinta, A reorganizar los estantes psicográficos De nuestra casa. Pero he pensado en el pequeño medio beso Como un pañuelo bien doblado Que aún huele a bolsillos, Que aún huele a tu pelo sutil acaracolado Y no lo entiendo. No entiendo por qué te deseo Mientras me hundo. Jack Jack me dijo que no quería que le hiciera Daño, Mientras todas las rendijas de sus manos Se empeñaban en tragarme. Jack me dijo que quería que lo tomara En serio, Mientras trataba de succionar mis versos. Jack me dijo que era menor que yo, Pero que había recorrido más mundos que yo Desde el otro mundo de Guinea Bisao. Jack me dijo que yo parecía buena gente, Jack me dijo, Jack me llamó, Y yo no lo cogí. Conspiran Conspiran Las rubias y las morenas, Y todas llevan Bolsos enormes, Corazones vacíos. Todas llevan vasos rotos De miradas trasnochadas.

Poemas de Lidia Fernández en el Taller de Poesía Abierta

Cuarto de baños Es imposible escapar de esta carne tierna que empapa el espejo o el ombligo doblado, reflejo de una penetración fallida. En mi boca ahora ríe el sonido de la cisterna que huele a otros cuerpos que pasan, que leen poemas bajo la ducha que llueve una alcachofa vestida de limpio... Sobre los estantes una bolsa de aseo abandonada tal vez más brochas y peines, todo lo que sobra cuando la ventana se abre. El brillo de los azulejos está preñado de imágenes la mía, por las mañanas, es un albornoz de recuerdos. Mar Entre las dunas y mis cejas emergen blancas flores salvajes. Un barro de mar con gaviotas Desnuda su tacto en el interior nacarado de una caracola. No hay nada, sólo las olas que cantan un vacío y la calma de lo inmenso que derrama el latido del agua en mis ojos. Soy una niña sin sombrilla y estoy sola al acecho del brillo. Cuando el faro besa el final de la tarde, las algas lloran su acero en la inmersión.

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