"Como vemos que un río mansamente..." y "Dijo el doctor Petrarca sabiamente...", sonetos de Hernando de Acuña
Como vemos que un río mansamente
por do no halla estorbo, sin sonido,
sigue su natural curso seguido,
tal que aun apenas murmurar se siente;
pero si topa algún inconveniente
rompe con fuerza y pasa con ruido,
tanto que de muy lejos es sentido
el alto y gran rumor de la corriente:
por sosegado curso semejante
fueron un tiempo mis alegres días,
sin que queja o pasión de mí se oyese;
mas como se me puso amor delante,
la gran corriente de las ansias mías
fue fuerza que en el mundo se sintiese.
Dijo el doctor Petrarca sabiamente:
«Pobre y desnudas vas, Filosofía»,
lamentando su tiempo en que antevía
las faltas y miserias del presente;
do el vicio reina ya tan sueltamente,
que valen poco, y menos cada día,
la bondad, el saber, la valentía,
del mejor, o más sabio, o más valiente.
Mas cuanto el mal está más encumbrado
y el mundo aprueba más lo que debiera
tenerse por infamia y maleficio,
tanto merece ser más estimado
el virtuoso obrar, pues ya no espera
la virtud premio, ni castigo el vicio.
por do no halla estorbo, sin sonido,
sigue su natural curso seguido,
tal que aun apenas murmurar se siente;
pero si topa algún inconveniente
rompe con fuerza y pasa con ruido,
tanto que de muy lejos es sentido
el alto y gran rumor de la corriente:
por sosegado curso semejante
fueron un tiempo mis alegres días,
sin que queja o pasión de mí se oyese;
mas como se me puso amor delante,
la gran corriente de las ansias mías
fue fuerza que en el mundo se sintiese.
Dijo el doctor Petrarca sabiamente:
«Pobre y desnudas vas, Filosofía»,
lamentando su tiempo en que antevía
las faltas y miserias del presente;
do el vicio reina ya tan sueltamente,
que valen poco, y menos cada día,
la bondad, el saber, la valentía,
del mejor, o más sabio, o más valiente.
Mas cuanto el mal está más encumbrado
y el mundo aprueba más lo que debiera
tenerse por infamia y maleficio,
tanto merece ser más estimado
el virtuoso obrar, pues ya no espera
la virtud premio, ni castigo el vicio.
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